El Principe Tigre y el demonio del bosque

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 12 de julio de 2016, en este enlace.

Wen está tranquilo y no da muestras de que sea consciente de lo que se le viene encima cuando sus padres, los monarcas de un reino lejano de Oriente, se ven obligados a abandonarlo en las garras de la tigresa, a la que los humanos han destrozado su vida al asesinar a sus cachorros.

Este pequeño cuento de Chen Jiang Hong (1963) pretende con sus sencillas palabras y sus impactantes composiciones, dar una lección sobre el amor, la familia y la naturaleza al mismo tiempo.

Este artista pasó su infancia en la China de la Revolución Cultural (1966-1976) de Mao. Y pese a que sus seguidores intentaron borrar toda huella del rico universo chino para crear un camino recto hacia la auténtica revolución según sus creencias. Cualquiera que se acerque a las obras de Hong podrá apreciar que China no murió en aquellos años. Sino que su cultura quedó impresa en la mente infantil de este hombre.

Tras formarse en Bellas Artes en su país natal, Hong emigró a Paris a finales de los 80 y allí es dónde ha desarrollado toda su carrera artística.

Famoso por sus creaciones infantiles que juegan entre el libro ilustrado y el cómic para niños. Este autor es mucho más que un simple ilustrador, él narra sus cuentos y su mundo desde las imágenes y el arte más tradicional. Así que, si queréis iniciar a los niños en el fascinante mundo de la imagen. Hong sin hacer cómics al uso, puede ser una gran opción, para que los más pequeños de la casa puedan ver como se cuenta una historia en pequeñas viñetas sin mucho texto.

Aunque tiene más de una docena de obras publicadas y se le conoce por su famoso Mao y yo (2008). En esta ocasión me quiero centrar en dos cuentos publicados en 2005 y 2006 respectivamente. Me refiero a El Príncipe Tigre, del que ya he hecho una breve sinopsis al principio y El Demonio del bosque.

En ambos, como casi siempre en su obra, los protagonistas son los niños. En el primer caso, nos habla de Wen, un joven príncipe que deberá aprender cómo funciona la Naturaleza, si quiere aprender a ser un hombre de verdad.

En el segundo, el protagonista es Ran, un niño que no le tiene miedo a nada y que no duda en enfrentarse a todos, aunque esa actitud le lleve a la soledad.

Su encuentro una noche con un demonio mucho más fiero que él, le traerá el valor de dejarse enseñar, la humildad de reconocer que no siempre se puede ser el mejor en todo; y lo más importante, el saber estar junto a los demás, en vez de en contra de ellos.

Si queréis tener otro concepto de las cosas o abrir vuestras mentes, estos cuentos son de lectura obligada. Y como muchas obras infantiles, no son solo para niños, ya que hay algunas cosas que solo se pueden llegar a entender cuando uno es mayor.

Sobre el impresionante dibujo de Hong, solo se puede decir que hay que verlo. Si os gusta el arte, sobre todo el asiático, os abrumará su maestría.

Se le notan sus años de manejo en el uso de la caligrafía (todo un arte en su país natal), los pinceles chinos, y ese pulso milimétrico que parece que solo ellos son capaces de alcanzar entre agua, color y tinta para obtener una pincelada firme y fluida a la vez. Todo ello crea composiciones dignas de admirar y que deja sin habla a los que las contemplan.

Wen y Ran son solo dos ejemplos de estos héroes chinos que saltan por las páginas de los libros infantiles a golpe de pincel. Pero si tenéis un solo segundo de vuestra vida para volveros niños otra vez, os recomiendo este viaje a la vieja China de los cuentos.

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