Portadas

Siempre hemos oído la famosa frase «una imagen vale más que mil palabras» y en el mundo de los libros (aunque pueda parecer que lo importante son solo las letras) es una verdad como un templo.

¿Cuántas veces ha caído en nuestras manos o se nos han ido los ojos tras la portada de un libro? Seguramente muchas, y también muchas serán las veces en que uno se haya comprado una obra solo por la portada. Como si algo de su diseño o la estética del mismo nos dijera en nuestro cerebro que debemos comprarlo, simplemente porque quedará bonito en una estantería.

Si alguna vez os habéis planteado escribir o publicar un libro y habéis leído algún artículo o el típico manual de pasos a seguir, todos incluyen la misma idea. Elegir una portada que llame o atraiga la atención potencial del lector es una regla de oro. Sobre todo si eres un escritor novato o poco conocido, sin grandes posibilidades de que nadie tenga todo un aparato publicitario tras de ti.

En ese caso lo único que te queda es venderte en una buena portada, pero llegar hasta el diseño adecuado no siempre es tarea fácil.

Una norma sencilla y lógica de seguir es que tenga relación con el tema tratado en el libro, o al menos que se pueda intuir en un simple vistazo. Bueno, pues esto que parece tan sencillo, muchas veces no lo es.

Seguro que habéis observado portadas tan abstractas que no tenéis ni idea de lo que habrá en el interior del libro, (y ahora estaréis pensado en alguna).

A veces esto ocurre porque el escritor ha intentado construir una portada con sus propios medios o porque quizás no ha sabido escoger al ilustrador más adecuado para ella.

Este puede ser otro fallo habitual, un escritor quiere una portada que impacte y busca a un ilustrador que le guste o cuyos trabajos tengan ya una repercusión social, pero la pregunta que uno debe haberse es si el estilo del diseñador encaja con el estilo o el tono del trabajo escrito.

Claro que esto puede suceder en los casos en que uno puede elegir, otras veces depende de la editorial y el criterio que ellos escojan. Y esto puede convertirse en una espada de doble filo, puede ser una gran portada y que guste al autor o todo lo contrario. Aunque no hay que llevarse las manos a la cabeza, las editoriales también quieren vender ejemplares y siempre buscarán o al menos intentarán encontrar el diseño adecuado.

Volviendo al tema de hacerse la portada uno mismo. En los últimos tiempos han proliferado varias páginas, entre ellas una americana, que ha conseguido gran repercusión por buscar las portadas más feas, raras o extrañas que podéis encontrar en el mundo del gigante Amazon y su Kindle.

La página en cuestión es Kindle cover disasters, y por muy locos que os puedan parecer los diseños, son todos absolutamente reales y algunos son hasta bestsellers en sus países de origen y tienen críticas favorables de usuarios.
Aunque ya se sabe que para gustos no hay nada escrito.

En el otro lado de la balanza están las innumerables listas que periódicos de renombre, como el New York Times, hacen con las consideradas mejores portadas de libros publicados en el año que toque.

Y aquí como en los peores, hay gustos para todo, aunque se pueden sacar ideas base de los últimos años sobre lo que está de moda en el mundo de las portadas. Son sencillas, sin muchos elementos, a veces con colores muy sobrios o con algún toque que focalice la atención; y sobre todo y lo más importante, con una fuerza visual demoledora para provocar el «chasquido» en nuestro cerebro que nos haga elegir ese libro, entre muchos otros.

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