Payasos y monstruos

Sorprende que este ensayo se inicie con una nota acerca de la veracidad de los hechos narrados, por muy absurdos o esperpénticos que estos puedan parecer. Pero es así como se ve obligado el antropólogo Albert Sánchez Piñol (1965) a comenzar su relato.

Aunque este autor es conocido por las novelas La piel fría (2002) o Pandora en el Congo (2005). Esta reseña se centrará en su otra faceta, la de ensayista sobre temas africanos.

En 2006 vio la luz este breve texto que no llega a las 200 páginas pero que son más que suficientes para hacer un simple esbozo del África que dejaron los europeos tras las independencias de sus países.

El autor solo se centra en una serie de mandatarios concretos, y apenas da algunas pinceladas sobre cada uno. Hacerlo de forma extensa requiere cientos de libros, que se han escrito y se seguirán escribiendo. Aunque eso sí, parece que hay más en otros idiomas que en español. Quizás a muchos no les interese recordar como señala Sánchez Piñol varias veces a lo largo de su exposición.

Los dictadores de los que él nos habla son solo ocho y se sitúan en el corazón de África, pero se podría ampliar ejemplos a todos los rincones del globo. Son por orden de aparición los siguientes: Idi Amin (1925-2003) dictador de Uganda y que tuvo su retiro dorado en Arabia Saudí hasta su muerte. Jean Bédel Bokassa (1921-1996) gobernante ‘napoleónico’ de la República Centroafricana y emperador de la misma. Kamuzu Banda (1898-1997) también conocido como doctor Banda, sus primeros 60 años de vida le sirvieron para ser considerado un gran hombre, los otros 40 se limitó a destrozar Malaui y a ser el claro ejemplo de que cualquier hombre bueno puede ser un monstruo si se le da poder.

Mobutu Sese Seko (1930-1997) dictador del Congo, se dedicó a apropiarse de todo el dinero y los recursos del que podría ser uno de los países más ricos del mundo si se utilizaran bien. Eso sí, se limitó a hacer lo que antes habían hecho los belgas. Sékou Touré (1922-1984), el casi analfabeto líder de Guinea no tuvo problemas para inventarse no solo su currículo, sino también toda la ideología de un país. Haile Selassie (1892-1975) el emperador medieval de la siempre enigmática Etiopía, que fue considerado casi un Dios y un mito viviente. Murió como los grandes emperadores, a la romana.

Los dos últimos, los reserva el autor para acercarnos nuestros propios olvidos, Guinea Ecuatorial, país al que muchos solo recordaran porque salió en las noticias hace unos años con motivo del polémico partido que iba a jugar la selección de fútbol pactado con un dictador. Todo el mundo se excusó diciendo que eran unos mandados.

Ese dictador es Teodoro Obiang (1942) actual líder de Guinea Ecuatorial y sobrino del anterior, Macías Nguema (1924-1979), al que él mismo derrocó en un golpe de estado, y que era muy fan de Francisco Franco.

Pese a lo que pueda parecer por esta descripción, el libro no es árido, el antropólogo narra los hechos con sencillez e intentando ser claro y conciso en sus referencias y datos. No es un pesado estudio con acumulación de fechas y sucesos para los más entendidos en la materia y lleno de notas a pie de página. Cualquier persona será capaz de leerlo y disfrutarlo (si es que eso es posible).

Otro punto a favor es la sutil ironía y el sentido del humor con el que está narrado. Haciéndolo todavía más próximo a la divulgación que a un libro solo de consulta y estudio. La única dificultad que puede presentar es que para aquellos que desconozcan totalmente la historia más próxima, de los años 60 hacia delante, puede que no hayan oído hablar de estos personajes.

Pero si ocurre eso, cualquier vista rápida a la red de redes puede solventar el problema porque son hechos recientes y conocidos. Incluye una breve bibliografía de ampliación para los que les piqué el gusanillo de ampliar contenidos.

Y por supuesto, si uno se tuviera que leer una sola parte del libro, el epílogo es perfecto para ello, en esas pocas páginas se resume la sinrazón, la vergüenza y la responsabilidad que los autodenominados países más desarrollados del mundo han tenido en todos estos hechos.

Un libro que desde la ironía y el sentido del humor hará reflexionar. Para que luego se diga que reírse no es instructivo.

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