Hellboy, semilla de destrucción

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 12 de diciembre de 2015, en este enlace.

Como muchas buenas ideas, a veces las mejores historias surgen del azar, poco se podía imaginar Mike Mignola (1960) que un simple dibujo realizado para una convención a principios de los 90 y que llamó casi sin pensárselo mucho, Hellboy, se acabaría convirtiendo en su personaje estrella y en el investigador paranormal que le haría famoso en todo el mundo.

Hellboy apareció por primera vez en la Comic-Con de San Diego de 1993, ya como una historia corta que fuera abriendo camino para presentar al personaje.

Mignola llevaba desde comienzos de los 80 trabajando para las principales marcas de cómics pero nunca había creado algo suyo. Mezclando sus pasiones más personales como el cine de serie B, los escritores de terror americanos, en especial H. P. Lovecraft, y la revista pulp Weird Tales, todo un icono de los años 50. A todo esto le añadió una pizca de folklore, mitos y leyendas de todo el mundo y con ello generó una historia tan peculiar como excelente y cuya extraña mezcla resultó ser todo un éxito.

La primera historia que apareció fue Semilla de Destrucción en 1994, aunque en España casi todo el mundo tiene la edición de Norma del año 2002 que contiene la historia principal, los orígenes del propio cómic (con las historias cortas) y una serie de ilustraciones de diversos autores que interpretan al personaje de Hellboy.

¿Pero quién es el protagonista de esta historia?

Pues nada más y nada menos que un demonio invocado por Rasputín en algún lugar de Europa, que ayudando a los nazis ven en Hellboy, el arma definitiva para ganar la II Guerra Mundial.

Contra todo pronóstico, son los americanos quienes acaban encontrando al recién nacido y como si de una especie de Moisés se tratara, el doctor Bruttenholm lo cría como a un hijo. Con los años, el pequeño demonio acaba siendo un agente especial en la Agencia de investigación y defensa paranormal, ayudado por sus compañeros Abraham Sapien (una especie de anfibio humanoide) y Elizabeth Sherman, una aparente chica normal pero que arde sin control cada vez que se la provoca.

En este primer caso tendrán que ir hasta una misteriosa casa para averiguar que ocurrió en una expedición al Ártico. Pero como siempre pasa en estas historias, lo que encuentran allí les hará enfrentarse a sus miedos si quieren llegar a sobrevivir.

A parte de los temas, otra de las características de esta obra es su dibujo. Hellboy es un cómic de colores puros, sin ningún tipo de degradado y con mayor presencia de tonos fríos que cálidos, si exceptuamos el intenso rojo del protagonista.

Mignola respeta bastante el formato viñeta de cada página y los personajes y bocadillos rara vez se salen de ellas. El movimiento lo consigue con gran dominio de las perspectivas y el escorzo.

Pero si hay un rasgo en su trabajo es el uso del negro, más que sombreados, los personajes aparecen rodeados de la más absoluta obscuridad y se nos presentan iluminados tenuemente, como si alguien los alumbrara con una linterna o estuvieran próximos a alguna farola.

Las escenas son casi cinematográficas al más puro estilo del cine negro clásico. Lo que no hace más que acrecentar el peculiar estilo de la obra.

Así que si queréis conocer a este gran personaje y envolveros en su mundo de sombras y terrores varios, tenéis que darle una oportunidad a este agente paranormal.

El marciano

El marciano es un libro de ciencia ficción que fue autopublicado en 2011 por Andy Weir (1972).

Como es bien conocido en el mundillo, las editoriales no suelen ver con buenos ojos este tipo de publicaciones, pues consideran que muchas no tienen un nivel adecuado y por ello si no existiera la plataforma de Amazon muchas de ellas no saldrían a la luz.

Así que fue toda una sorpresa el éxito de ventas que comenzó a tener, se corrió la voz y una editorial decidió asumir el riesgo de comprar los derechos de autor e incluso los de una película. Poco después salió a la venta en librerías donde se confirmó que la editorial no se había equivocado y su salida a la gran pantalla no se ha hecho esperar. Todo esto es muy meritorio teniendo en cuenta que es la primera novela del autor y que el tema que aborda es la ciencia ficción con un elevado tono científico, un género que normalmente no atrae a las masas.

La novela narra las desventuras de un astronauta, Mark Watney, dado erróneamente por muerto en una misión en el planeta rojo. Con unos recursos limitados y en un entorno hostil. Su única esperanza se basa en utilizar su entrenamiento y sus conocimientos científicos para salir adelante y tratar de buscar una salida a su situación.

Todo esto se nos narra en gran parte en primera persona, sobre todo en el primer tramo de la novela, desde la perspectiva de un diario que va escribiendo el astronauta. Para un lector no acostumbrado a la ciencia ficción esto puede resultarle difícil de digerir debido a los numerosos datos técnicos y cálculos con los que a veces nos desborda el protagonista. Aunque no os frustréis con esto, pues luego el ritmo de la trama mejora con la entrada de nuevos personajes.

Además el autor se esfuerza por crear un protagonista interesante; dotándole de un humor sarcástico, de un campo de patatas y de toda la telebasura y música de los 70 para darnos algunas frases memorables. La novela también nos muestra una imagen de la NASA a la que no estamos muy acostumbrados humanizándola bastante, tanto para bien como para mal.

Hay gente que no ha podido evitar encontrar reminiscencias de otras obras como la obvia, Robinson Crusoe (1719), y una obra del genial Julio Verne (1828-1905) y bastante parecida en su forma de narrar, La isla misteriosa (1874).

También es remarcable que ya hay personas que se han dedicado a señalar los diversos fallos científicos que uno se puede encontrar. Por ejemplo, los expertos dicen que sería imposible que el viento marciano pudiera ser tan fuerte como se describe en la novela. Así como la forma en que el protagonista cultiva las patatas mezclando suelo terráqueo con suelo marciano que ha cogido. El suelo de la superficie de Marte es estéril debido a la radiación que sufre el planeta por su falta de campo magnético. Aunque podría funcionar con suelo de capas más profundas según algunos científicos.

En conclusión es un libro al que merece la pena leer con el que cualquiera puede iniciarse en el mundo de la ciencia ficción dura, aprender, reírse y sobre todo pasar un buen rato.

Luciano, el humor inteligente

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 11 de noviembre de 2015, en este enlace.

Situar la vida de Luciano es algo complejo ya que sus contemporáneos apenas hablan de él, y lo único que se sabe (sin poder confirmarlo de alguna forma) es lo que el propio autor cuenta a través de sus obras y unas ligeras referencias de la Suda, una enciclopedia bizantina escrita en torno al siglo X, sobre la antigüedad clásica.

Se cree que pudo nacer en torno al año 120 de nuestra era y que murió sobre el 192, ya que se sabe que sobrevivió a Cómodo y este emperador romano falleció en ese año. Su nombre verdadero tampoco se sabe puesto que escribía bajo el pseudónimo de Luciano o Licino, pero se cree que pudo tener un nombre semita, ya que su familia era de ese grupo étnico. Nació en Samosata, ciudad situada junto al río Éufrates y capital de la provincia romana de Comagene. Esta región paso a formar parte del Imperio Romano a partir del 65 a. C. y hoy en día se encuentra entre Siria y Turquía.

En un pasaje de su obra El Sueño, cuenta que cuando era joven su padre le envió al taller de su tío que era escultor para que aprendiera un oficio. Luciano intentó ser un buen aprendiz, pero por torpeza rompió unas tablillas y su tío le expulsó y lo devolvió a casa de sus padres.

Aquella noche tuvo un sueño en el que se le aparecieron la Escultura y la Retórica, personificadas como mujeres. Se pusieron a debatir porque el joven Luciano tenía que decantarse por una de ellas, y acabó ganando el debate la Retórica, que prometió al joven fama, dinero e inmortalidad.

Así explica el filósofo cómo se decidió por estudiar. Se desconoce si este pasaje pudo ocurrir en parte, debido a que el relato del sueño personificado era un recurso muy habitual en la literatura griega.

Hacia los 40 años sufrió una fuerte crisis espiritual que le hizo rechazar la Retórica por considerarla vacía y se vuelca en la Filosofía.

Luciano encuentra en el diálogo su gran baza para expresar sus ideas, sincero y siempre con ganas de desenmascarar a la multitud de farsantes y falsos profetas que se movían por el Imperio en ese siglo, sus ácidos comentarios y duras críticas le crearon múltiples enemigos.

Fue un escritor muy prolífico, y sus obras fueron publicadas en la Antigüedad aunque se desconoce quién lo hizo. Las referencias que se tienen son de los primeros manuscritos medievales, el más antiguo es del 913.

Pese a todo se han conservado unas 83 aproximadamente, algunas tan famosas como: El Desheredado, Contra un ignorante bibliómano, Alejandro o el faso profeta, Dos veces acusado o los tribunales, La travesía o el tirano, o La asamblea de los Dioses.

Pero sin lugar a dudas su obra más conocida son Los diálogos de los muertos.
En ellos el autor consigue transmitir sus ideas vitales, las que le hicieron replantearse la vida en su etapa final, como la mejor de las reflexiones de un viejo sabio. Pone esos diálogos en boca de personajes conocidos por todos los habitantes del Imperio Romano y tan universales en nuestra cultura como Hércules, Hermes, Caronte o Helena de Troya.

Un viaje delirante por el inframundo, pero eso sí con mucho humor, porque si algo tienen los cínicos es humor e ironía.

Utilizó el griego para escribir, pese a que vivió en pleno esplendor del Impero Romano, la razón es que el griego era una lengua muy de moda en esa época, debido a un movimiento iniciado en el siglo I, el aticismo que perseguía la imitación de los clásicos como modelo a seguir, por ello las obras de Luciano están llenas de referencias a dioses, leyendas y proverbios.

Para su estilo se inspiró en Menipo de Gádara creador de la sátira menipea como menciona Quintiliano, pero que desgraciadamente no nos ha llegado nada suyo, vivió en el siglo III a. C. aproximadamente. Y en este relato es uno de los protagonistas, cansado de su vida en la tierra, acude presto a la llamada del gran Diógenes desde el Hades, para pasar unos buenos ratos a costa los lamentos y lloros de grandes reyes y personajes del mundo griego que perdieron su vida y por consiguiente su riqueza y bienestar.

Temas que pueden sonar tan actuales y antiguos a la vez, como que llevan produciéndose desde el hombre está en la tierra.

A pesar de su gran trabajo fue bastante ignorado por sus contemporáneos y las generaciones siguientes. Pero si se tiene certeza de que en Bizancio se le estudiaba, y a partir del siglo XIV es conocido en Italia por las traducciones que hicieron los griegos.

La primera edición del texto completo de Luciano aparece en 1496, y fue realizada por Janus Láscaris, un griego al servicio del rey de Francia. Apenas unos años más tarde comenzó la fiebre por traducirlo en toda Europa.

El mejor conocedor y traductor de Luciano fue sin lugar a dudas, el famoso Erasmo de Rotterdam, ayudado por el también muy conocido Tomas Moro.

Erasmo idolatraba a Luciano y veía en sus críticas las mismas que él mismo le reprochaba a la Iglesia. Esta fue una de las razones que llevaron a la Iglesia de Roma a considerar a Luciano como un autor peligroso y en 1549 sus obras se encontraban en la lista de libros prohibidos.

Pero eso ya no sirvió para nada, desde el siglo XVI sus obras han influido enormemente a muchos autores como a Mateo Alemán en el Guzmán de Alfarache, a Cervantes en alguna de sus obras, a Tomas Moro en su Utopía, a Quevedo en Los sueños o a Jonathan Swift en su obra Los viajes de Gulliver, solo por mencionar algunos casos.

Aunque en esta vez, solo mencionamos sus diálogos, cualquiera de sus obras merece la pena ser leída hoy en día. Es un autor por el que no pasan los siglos, y sigue sabiendo dar en el clavo con su ironía y sentido del humor a la hora de interpretar la vida humana.

Tintin y el Loto Azul

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 27 de octubre de 2015, en este enlace.

China ha sido siempre para los occidentales un país inmenso, desconocido tanto en su geografía como en su cultura y extremadamente exótico en sus costumbres.

Es por eso que muchos conocidos y seguidores de Georges Prosper Remi (conocido mundialmente como Hergé) se llevaron las manos a la cabeza y le recomendaron precaución cuando a comienzos de los años 30 del siglo pasado le encargaron nuevas aventuras para su intrépido reportero Tintín.

Después de pasar por el corazón de África y por la América más tópicas, sus fans querían más y Oriente era el próximo destino. Todo comenzó en Los Cigarros del Faraón (1932-1934) y la historia continuó en El Loto Azul (1934-1935). Pese a ello se puede seguir ambos volúmenes de forma independiente.

El segundo de ellos fue el que consagró a su autor y está considerado como una de sus mejores obras. La razón es simple, gracias a los múltiples consejos de sus allegados, se documentó sobre el tema a tratar, China y se alejó de los estereotipos de hombre blanco de principios de siglo XX que se pueden apreciar en sus obras anteriores.

Aunque en su época Tintín era una obra enfocada al público joven y en hoy en día aparece en la sección infantil de librerías y bibliotecas. Aquellos que se acerquen a las historias del reportero por primera vez puede que se sorprendan de los comentarios o actuaciones de los diferentes personajes. Pero estos cómics son cápsulas del tiempo.

En El Loto Azul, Hergé consiguió dar más veracidad a la historia gracias a la ayuda de dos amigos suyos, el sacerdote Lou Tseng-Tsiang y el artista Zhang Chongren. Este último llegó a ser un gran amigo de Hergé y se encargó de realizar la caligrafía de todos los ideogramas que se leen en el cómic, son auténticas frases y una persona que conozca el idioma puede leerlos sin problemas. Tanto influyó en el autor que uno de los personajes de la obra lleva su nombre.

En esta ocasión Tintín viaja a Shanghai tras recibir un misterioso mensaje de un hombre, lo que le lleva a conocer a Mitsuhirato, un hombre de negocios japonés que vive de explotar a los chinos, a los que odia profundamente.

Como este cómic se publicó entre los años 1934 y 1935, los japoneses son los malos de la historia. En esta década anterior a la II Guerra Mundial, todas las grandes potencias empezaron sus escaladas expansionistas para controlar más territorios y en la zona del Pacífico, los americanos y japoneses se llevaron casi todo el lote.

Es por ello que el lector observará que todos los japoneses son feos, tienen cara de enfadados o de malos, con narices de cerdo y bocas con dientes sin labios, lo que les otorga un aspecto más animal y fiero que humano. Por el contrario, los chinos siempre aparecen sonriendo, con caras amables y dibujadas en líneas sutiles, como si vivieran en una perpetua meditación.

Ese es uno de los muchos reflejos y referencias al conflicto y la época que están dispersadas por toda la lectura.

Tintín se encuentra en medio de un fuego cruzado entre blancos, japoneses y chinos, con la corrupción y el tráfico de drogas de fondo.

Para saber si nuestro héroe saldrá victorioso o acabará detenido por Hernández y Fernández hay que volver a leerse este clásico del cómic.

Buenos Presagios

Esta novela salió a la luz en 1990 de la mano de los escritores Neil Gaiman y Terry Pratchett.

Si seguís la actualidad de este mundillo sabréis que desgraciadamente este último nos dejó hace unos meses. Autor del Mundodisco, conoció a Neil Gaiman en una entrevista en 1985, tras publicarse su primer libro de la saga que le ha hecho inmortal.

En aquel momento Gaiman era un completo desconocido en el mundo literario, aún faltaba mucho tiempo para que publicase la novela Dioses Americanos (2001) que le colocaría como autor de referencia en la fantasía norteamericana.

El contexto del libro nos sitúa en los días previos al Fin del Mundo. Un angel, Azirafel, y un demonio, Crowley; se proponen la tarea de evitar el Armaggedon que traerá un inocente anticristo de 11 años y no escatimarán en medios y métodos para hacerlo.

Para ello, vigilan durante todo ese tiempo al chico para evitar que su verdadera naturaleza le conduzca a destruir el mundo.

El día de su décimo primer cumpleaños Crowley es informado por sus superiores de que aparecerá el guardián del anticristo en la tierra, pero dicho evento no sucede, confirmando sus «buenos presagios». Solo puede haber una explicación, Crowley y Azirafel se han equivocado de chico y tuvo que haber un intercambio de bebés en el hospital.
Por el camino para descubrir que ocurrió se encontrarán a Anatema, una ocultista con el único libro de profecías acertadas sobre el fin del mundo que escribió una antecesora suya. Con su ayuda tratarán de impedir el fin de los días.

El tiempo corre en contra de los protagonistas que ven cómo poco a poco sucesos imposibles ocurren, como el surgimiento de la Atlántida o la aparición de platillos volantes con unos extravagantes inquilinos dentro.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis comienzan a reunirse trayendo todo tipo de destrucción en su camino. La Guerra como una reportera en países en conflicto, la Polución viajando por el mundo contaminándolo en la mayor medida posible, el Hambre como uno de los directivos de una cadena de comida rápida y best-seller de un libro sobre dieta y por último aparece la Muerte, tal y como la conocen los seguidores de Terry Pratchett.

Por suerte, o quizá no tanta, dos miembros del ejército cazabrujas, el sargento Shadwell, un anciano adicto a la leche condensada, y el soldado Newton, un empleado administrativo aburrido con su trabajo y que va en busca de un significado más profundo de su vida, se proponen frenar a las fuerzas del mal con pastillas de encendido, varias agujas y mucha mala leche.

Mientras todo este sinsentido sucede, una pandilla de amigos de 11 años de Tadfield, un tranquilo pueblecito de Inglaterra, tratan de aprovechar al máximo el verano. Creando todo tipo de aventuras imaginarias dirigidos siempre por Adam Young, el líder del grupo con un extraño magnetismo personal y mucho que decir sobre el mundo.

Si alguien no es capaz de sentirse identificado en esta locura, o ver la ironía de la vida continuamente, que no lo lea, pero si queréis una reflexión sobre la sociedad moderna con mucho humor y sana locura es un libro que no os podéis perder.

Seres y lugares en los que usted no cree

Si alguna vez habéis pensado como sería un libro de texto de Hogwarts (o su homólogo español). O siempre habéis querido leer un ejemplar de los que atesora el señor Norrell en su biblioteca (en el libro Jonathan Strange y el señor Norrell). Este podría ser una obra que encajaría en cualquiera de los dos ejemplos.

Seres y lugares en los que usted no cree (1995) es un ensayo sobre esos personajes y lugares míticos que viven en nuestras historias y cuentos. Y aunque en los tiempos modernos parece que los adultos han dejado de creer en ellos y ya solo corren a sus anchas en las mentes infantiles, la realidad es que estos seres nos han acompañado a lo largo de nuestra historia como especie, y es casi seguro que todavía lo hagan, aunque ahora no sepamos verlo.

El libro narra a lo largo de diez capítulos datos curiosos, pequeñas historias, viejas leyendas y averiguaciones sobre estas entidades, contadas de forma objetiva, con toques de humor y alguna que otra ironía.

Jesús Callejo (1959) y Carlos Canales (1963) son los prolíficos autores de este ensayo. Viejos conocidos para todos aquellos que sean unos habituales oyentes de la radio, desde los noventa en la Rosa de los Vientos y ahora en la Escóbula de la Brújula, entre otras numerosas participaciones. Tanto uno como otro llevan varias décadas escribiendo sobre los temas más heterodoxos que uno pueda imaginar, además de cuestiones históricas (como en el caso de Canales) o tan curiosas como la herbología (en el caso de Callejo).

Para aquellos que nunca se hayan leído uno de sus libros deben saber que son ensayos meticulosos, con referencias a otros autores y fechas. Están lejos de escribir una simple semblanza infantil sobre hadas, gnomos y demás fauna mítica. Algo que es conveniente saber para el lector, por si quiere un libro con más rigor antropológico o más cercano a la fantasía de un autor.

Quizás la parte que más sorprenda sea la segunda, donde se trata de los lugares que para muchos, seguro que son desconocidos, otros son los viejos Avalón y Atlántida tan famosos y reconocibles por todos.

Los otros los desconocemos casi siempre por una clara razón y eso es algo a favor de este libro, ya que no se centra o más bien solo toca de soslayo la mitología anglosajona (la que conocemos todos) pues ya se encargaron de sumergirnos en ella desde la infancia en los cuentos o en películas de la archiconocida Disney.

Pero ambos nos cuentan la historia de nuestros seres fantásticos cercanos, los peninsulares, casi siempre más desconocidos para nosotros (aunque pueda resultar irónico), así como alguna que otra curiosidad del continente americano y del asiático.

Sin duda la mayor ocurrencia del libro y la más original, es explicar la supuesta migración que estas criaturas realizaron y quizás hoy sigan haciendo, a diversas partes del globo siguiendo al hombre blanco. Resulta un epílogo de lo más curioso y sirve para reflexionar como el ser humano destruye también el patrimonio inmaterial de otros pueblos, cuyos seres mitológicos se están perdiendo o ya se han olvidado.

Para los que no se conformen con este libro, los autores proponen varios títulos más para profundizar en el tema.

Así que ya sabéis si alguna vez quisisteis leer una obra que os pueda transportar a lugares en los que ahora seguro que sí creéis, este es vuestro libro.

Últimas tardes con Teresa

El libro que traemos esta vez al blog es un clásico de la literatura contemporánea española. Y más concretamente un clásico de Barcelona.

Esta ciudad es la protagonista presente entre los numerosos personajes mencionados en el libro y también en otras obras de Juan Marsé (1933). Este barcelonés fue agrupado dentro del grupo cultural de la misma ciudad, autores de los años 60 que revolucionaron la actualidad literaria de la época, cambiando la forma de narrar anterior, (quizás más dolida con las circunstancias), por otra que intentaba vivir con las heridas del pasado y afrontar el presente y su futuro.

La obra le dio a conocer al gran público, Premio Biblioteca Breve en 1965, Últimas tardes con Teresa es un reflejo de la Barcelona de los años 50 del siglo XX, cuyos paradigmas y repercusiones se pueden olfatear hasta hoy en día.

A parte de la Teresa del título, el gran protagonista de la novela es Manolo, el pijoaparte, un pobre emigrante del sur de España que recala en Barcelona con sueños de prosperidad y un futuro mejor lleno de infantiles ilusiones.

Pronto se dará cuenta de que esos sueños están vedados para alguien como él, es por eso que decide ser un canalla, por supervivencia y admiración al hombre que lo controla todo en su barrio, el Cardenal del Monte Carmelo, en aquellas fechas una barriada suburbana donde se van apilando multitud de sueños rotos con nombres de persona.

Manolo ve su oportunidad de oro cuando el azar y el morro le llevan hasta una verbena en la que se cuela y allí conoce a Maruja, a través de ella conseguirá llegar hasta la irreal e idealizada Teresa, una joven universitaria burguesa llena de ideas pero de pocas realidades.

En varios caóticos y atemporales veranos, el autor nos narrará la vida sencilla de los protagonistas, sus alegrías y sus miserias.

Marsé al igual que Shakespeare cree que todo puede suceder en verano, que los sueños se pueden convertir en realidad, y así lo creen también los personajes hechizados por esa ilusión, pero el otoño llega y todo termina.

Sin caer en exceso de tristes momentos, se cuenta la realidad de la época cuyo reflejo podemos ver también hoy en la actualidad, aunque las historias que hoy en día narran el viejo cuento de chico pobre, niña rica o viceversa son edulcoradas muchas veces con finales made in Hollywood. Si queréis la versión más real y cruel, tendréis que leer a Marsé.

Aunque eso sí, al ser un libro de los sesenta experimenta algo con las técnicas narrativas, lo que provoca que sea denso y lento en las descripciones hasta en los detalles más mínimos. Llenos de figuras y metáforas que requieren los cinco sentidos.

Cambia el narrador de la historia con frecuencia y hasta que no se leen varios párrafos, uno no sabe quién habla y desde dónde (o cuando más bien) lo hace.
Es un texto profundamente narrativo e interno, no esperéis juegos chispeantes de diálogos porque apenas hay. Es todo una conversación de mente a mente. Del personaje al lector.

Si os gustan este tipo de libros y os preguntáis como será Teresa y sus caprichos, o el pijoaparte. La Barcelona de los 50, sus bares, sus villas y sus universitarios os cautivaran. E incluso igual conocéis a alguien que os resulte familiar.

Y si no os gusta este tipo de literatura o no la conocéis, podéis intentar leerlo por curiosidad, solo para saber algo más de uno de los pícaros del siglo XX más icónicos, que acabó siendo cazado y engullido por su propia sociedad.

Informe Policial: la verdadera identidad de Jack el destripador

Jesús Delgado (1964), es un grafólogo forense, profesor universitario, asesor técnico policial e investigador.

También autor de Cristóbal Colón: Su origen y vida investigados con técnicas de siglo XXI (2012), ensayo sobre el origen del gran navegante, abordado con su particular estilo narrando los hechos como si de una investigación policial se tratase.

En Informe Policial: La verdadera identidad de Jack El Destripador (2014), Delgado se enfrenta al legendario caso del asesino londinense, famoso por iniciar un reino de terror en el barrio de Whitechapel entre agosto y noviembre de 1888, para desaparecer misteriosamente y dejar tras de sí los crímenes, sin resolver, más famosos de la historia.

Durante esos meses, el supuesto Jack asesinó a cinco prostitutas degollándolas. La brutalidad de los hechos no quedó ahí, puesto que algunas de sus víctimas presentaban desfiguraciones e incluso extracciones de órganos, pero eso sí, con gran precisión en los actos realizados.

De hecho, la última víctima, Mary Jane Kelly, fue degollada hasta alcanzar la columna vertebral, abierta en canal y desfigurada, por macabro que pueda sonarnos hoy en día. Los médicos que realizaron la autopsia calcularon que probablemente el asesino habría tardado unas dos horas en realizar tal horrendo procedimiento.

Este caso ha dado para cientos de ensayos, novelas, películas o series inspiradas más o menos en la historia real, algunas con notable éxito como la novela gráfica Desde el infierno (1991) de Allan Moore (1953). Pero en esta ocasión hablaremos de un ensayo de investigación.

En él, el autor nos introduce de manera ágil y rápida a los sucesos ocurridos en los crímenes. Además añade detalles de las costumbres de la sociedad victoriana, que pueden ser relevantes para hacerse una visión de conjunto sobre cómo era el mundo londinense de finales del siglo XIX y poder realizar una investigación más plausible.

También es de destacar el esfuerzo de documentación a nivel fotográfico para informar al lector sobre el contexto donde expone el análisis del caso. Eso sí, que se abstengan los aprensivos, puesto que algunas de las imágenes son de especial crudeza.

Poco a poco el libro va desplegando la numerosa lista de sospechosos que llegó a manejar la policía de la época. Algunos tan conocidos como William Gull, señalado como el asesino en muchos de los libros escritos a lo largo del siglo XX o Walter Sickert, un pintor que no llegó a ser muy conocido, pero que estaba obsesionado por el caso.

Tras esto el autor nos introduce al análisis grafológico, disciplina en la tiene mayor experiencia y es en dicha técnica en la que se basa para la investigación de este libro.

Con una pormenorizada explicación del perfil psicológico de Jack, utilizando como base una de las supuestas cartas que envió a la policía, acompañada de un riñón humano para mayor escatología lectora. El autor crea su propia teoría sobre el asesino basada en las coincidencias personales y psicológicas con un famoso personaje de aquel tiempo y que llegó a participar en la investigación. Sea cierto o no, seguro que sorprenderá al lector, pero evidentemente no lo diremos aquí.

Para demostrarlo, Delgado realiza una exhaustiva comparación de la escritura de la carta de Jack El Destripador con otra de su supuesto culpable y las coincidencias a nivel grafológico entre ambas, que demostrarían estar escritas por la misma persona.

Como colofón final, el libro tiene un pequeño diccionario de términos grafológicos utilizados en las explicaciones y que pueden resultar aclaratorios a todos los que desconocemos el mundo de la grafología para no perderse entre las numerosas palabras técnicas que requiere el análisis de las cartas.
Es probable que tras leer el libro, el caso siga siendo un misterio y otro investigador intente refutar sus teorías, debido en gran parte a los múltiples sospechosos de los asesinatos que han llegado hasta nuestro tiempo.

¿Pudo ser Jack El Destripador el señalado por el autor en este pequeño ensayo?

Quizás sí o quizás no, eso lo tendrá que decidir cada lector, aunque una cosa sí que está clara, todavía la sombra más famosa de Whitechapel sigue aún sin ver la luz y oculta un misterio de más de 100 años.

Portadas

Siempre hemos oído la famosa frase «una imagen vale más que mil palabras» y en el mundo de los libros (aunque pueda parecer que lo importante son solo las letras) es una verdad como un templo.

¿Cuántas veces ha caído en nuestras manos o se nos han ido los ojos tras la portada de un libro? Seguramente muchas, y también muchas serán las veces en que uno se haya comprado una obra solo por la portada. Como si algo de su diseño o la estética del mismo nos dijera en nuestro cerebro que debemos comprarlo, simplemente porque quedará bonito en una estantería.

Si alguna vez os habéis planteado escribir o publicar un libro y habéis leído algún artículo o el típico manual de pasos a seguir, todos incluyen la misma idea. Elegir una portada que llame o atraiga la atención potencial del lector es una regla de oro. Sobre todo si eres un escritor novato o poco conocido, sin grandes posibilidades de que nadie tenga todo un aparato publicitario tras de ti.

En ese caso lo único que te queda es venderte en una buena portada, pero llegar hasta el diseño adecuado no siempre es tarea fácil.

Una norma sencilla y lógica de seguir es que tenga relación con el tema tratado en el libro, o al menos que se pueda intuir en un simple vistazo. Bueno, pues esto que parece tan sencillo, muchas veces no lo es.

Seguro que habéis observado portadas tan abstractas que no tenéis ni idea de lo que habrá en el interior del libro, (y ahora estaréis pensado en alguna).

A veces esto ocurre porque el escritor ha intentado construir una portada con sus propios medios o porque quizás no ha sabido escoger al ilustrador más adecuado para ella.

Este puede ser otro fallo habitual, un escritor quiere una portada que impacte y busca a un ilustrador que le guste o cuyos trabajos tengan ya una repercusión social, pero la pregunta que uno debe haberse es si el estilo del diseñador encaja con el estilo o el tono del trabajo escrito.

Claro que esto puede suceder en los casos en que uno puede elegir, otras veces depende de la editorial y el criterio que ellos escojan. Y esto puede convertirse en una espada de doble filo, puede ser una gran portada y que guste al autor o todo lo contrario. Aunque no hay que llevarse las manos a la cabeza, las editoriales también quieren vender ejemplares y siempre buscarán o al menos intentarán encontrar el diseño adecuado.

Volviendo al tema de hacerse la portada uno mismo. En los últimos tiempos han proliferado varias páginas, entre ellas una americana, que ha conseguido gran repercusión por buscar las portadas más feas, raras o extrañas que podéis encontrar en el mundo del gigante Amazon y su Kindle.

La página en cuestión es Kindle cover disasters, y por muy locos que os puedan parecer los diseños, son todos absolutamente reales y algunos son hasta bestsellers en sus países de origen y tienen críticas favorables de usuarios.
Aunque ya se sabe que para gustos no hay nada escrito.

En el otro lado de la balanza están las innumerables listas que periódicos de renombre, como el New York Times, hacen con las consideradas mejores portadas de libros publicados en el año que toque.

Y aquí como en los peores, hay gustos para todo, aunque se pueden sacar ideas base de los últimos años sobre lo que está de moda en el mundo de las portadas. Son sencillas, sin muchos elementos, a veces con colores muy sobrios o con algún toque que focalice la atención; y sobre todo y lo más importante, con una fuerza visual demoledora para provocar el «chasquido» en nuestro cerebro que nos haga elegir ese libro, entre muchos otros.

La construcción de China

Si un día cualquiera, en un momento cualquiera, alguien nos preguntara que sabemos de China, probablemente no seríamos capaces de contestar gran cosa, salvo los típicos tópicos que todo el mundo conoce.

Sin embargo, el desconocimiento occidental de uno de los grandes imperios del pasado y uno de los países superpotencia del presente (y casi seguro de este siglo XXI) denota la falta de interés que muchas veces Occidente ha mostrado hacia otras partes del globo.

Pero en el siglo XX, un grupo cada vez más numeroso de occidentales centraron sus estudios en el gigante asiático. Dolors Folch ha sido uno de ellos. Licenciada en Historia a mediados de los años 60 del siglo XX, se especializó en historia antigua de China, quizás uno de los períodos más desconocidos para nosotros y lleva 50 años acercando esta historia a Occidente.

Ha trabajado en diversas universidades catalanas y desde el 95 dirigía la Escuela de Estudios de Asia Oriental hasta su jubilación en 2011.
De esta experta del mundo chino queremos reseñar el libro La construcción de China. El período formativo de la civilización china (2002).

Como habéis deducido se trata de un ensayo que abarca la historia de China desde el 7000 a. C. aproximadamente, hasta la época de los Tres Reinos del siglo III de nuestra era.

Desde la cultura de Yangshao que entra en el Neolítico y ya da muestras de cierta complexión social, hasta los Tres Reinos que se formaron tras la dinastía Han.

En pocas palabras la base cultural China que todavía hoy se puede apreciar, al igual que en Occidente, griegos y romanos dejaron su huella más notable (entre otros pueblos) en nuestro acervo cultural.

Pese a que pueda parecer un tema denso o pesado, la narración clara y sencilla de la profesora Folch, lo convierte en un texto ameno y divertido. Lleno de comparaciones que facilitan su comprensión y que puede resultar una lectura entretenida si uno se acerca a ella con curiosidad y sin pretensiones de memorizar el contenido.

Además es un libro que presenta una visión general, en forma de caleidoscopio de historia, cultura, religión (o mejor filosofía) y estructura político-social sin entrar en múltiples detalles, que provocarían que el lector inexperto dejara el libro por inabarcable.

Para todos aquellos que no conozcan nada o casi nada de China hay un glosario de nombres en la parte de atrás, donde se explica qué o quién es cada uno de los mencionados. Y se puede encontrar un poco de todo, desde la conocida Gran Muralla o Confucio, como las descripciones de las diversas sectas secretas que tanta importancia han tenido en China pero que son poco conocidas para nosotros.

Además también hay varios mapas y una amplia bibliografía comentada para quienes quieran ampliar conocimientos sobre el mundo chino en diversas ramas.

Quizás el único punto flaco es la ausencia de imágenes, cosa que mejoraría notablemente la comprensión de explicaciones y comentarios, puesto que resultaría un círculo perfecto saber qué imagen corresponde a los pueblos que menciona, la cerámica, los yacimientos, etcétera.

Este puede ser el único pero a un libro que os encantará si deseáis conocer otra cara de China y estáis dispuestos a leer para saber más.

Así que, solo podemos decir que es muy recomendable para cualquier tipo de público, no hace falta ser un experto en nada para disfrutar de su lectura.