Informe Policial: la verdadera identidad de Jack el destripador

Jesús Delgado (1964), es un grafólogo forense, profesor universitario, asesor técnico policial e investigador.

También autor de Cristóbal Colón: Su origen y vida investigados con técnicas de siglo XXI (2012), ensayo sobre el origen del gran navegante, abordado con su particular estilo narrando los hechos como si de una investigación policial se tratase.

En Informe Policial: La verdadera identidad de Jack El Destripador (2014), Delgado se enfrenta al legendario caso del asesino londinense, famoso por iniciar un reino de terror en el barrio de Whitechapel entre agosto y noviembre de 1888, para desaparecer misteriosamente y dejar tras de sí los crímenes, sin resolver, más famosos de la historia.

Durante esos meses, el supuesto Jack asesinó a cinco prostitutas degollándolas. La brutalidad de los hechos no quedó ahí, puesto que algunas de sus víctimas presentaban desfiguraciones e incluso extracciones de órganos, pero eso sí, con gran precisión en los actos realizados.

De hecho, la última víctima, Mary Jane Kelly, fue degollada hasta alcanzar la columna vertebral, abierta en canal y desfigurada, por macabro que pueda sonarnos hoy en día. Los médicos que realizaron la autopsia calcularon que probablemente el asesino habría tardado unas dos horas en realizar tal horrendo procedimiento.

Este caso ha dado para cientos de ensayos, novelas, películas o series inspiradas más o menos en la historia real, algunas con notable éxito como la novela gráfica Desde el infierno (1991) de Allan Moore (1953). Pero en esta ocasión hablaremos de un ensayo de investigación.

En él, el autor nos introduce de manera ágil y rápida a los sucesos ocurridos en los crímenes. Además añade detalles de las costumbres de la sociedad victoriana, que pueden ser relevantes para hacerse una visión de conjunto sobre cómo era el mundo londinense de finales del siglo XIX y poder realizar una investigación más plausible.

También es de destacar el esfuerzo de documentación a nivel fotográfico para informar al lector sobre el contexto donde expone el análisis del caso. Eso sí, que se abstengan los aprensivos, puesto que algunas de las imágenes son de especial crudeza.

Poco a poco el libro va desplegando la numerosa lista de sospechosos que llegó a manejar la policía de la época. Algunos tan conocidos como William Gull, señalado como el asesino en muchos de los libros escritos a lo largo del siglo XX o Walter Sickert, un pintor que no llegó a ser muy conocido, pero que estaba obsesionado por el caso.

Tras esto el autor nos introduce al análisis grafológico, disciplina en la tiene mayor experiencia y es en dicha técnica en la que se basa para la investigación de este libro.

Con una pormenorizada explicación del perfil psicológico de Jack, utilizando como base una de las supuestas cartas que envió a la policía, acompañada de un riñón humano para mayor escatología lectora. El autor crea su propia teoría sobre el asesino basada en las coincidencias personales y psicológicas con un famoso personaje de aquel tiempo y que llegó a participar en la investigación. Sea cierto o no, seguro que sorprenderá al lector, pero evidentemente no lo diremos aquí.

Para demostrarlo, Delgado realiza una exhaustiva comparación de la escritura de la carta de Jack El Destripador con otra de su supuesto culpable y las coincidencias a nivel grafológico entre ambas, que demostrarían estar escritas por la misma persona.

Como colofón final, el libro tiene un pequeño diccionario de términos grafológicos utilizados en las explicaciones y que pueden resultar aclaratorios a todos los que desconocemos el mundo de la grafología para no perderse entre las numerosas palabras técnicas que requiere el análisis de las cartas.
Es probable que tras leer el libro, el caso siga siendo un misterio y otro investigador intente refutar sus teorías, debido en gran parte a los múltiples sospechosos de los asesinatos que han llegado hasta nuestro tiempo.

¿Pudo ser Jack El Destripador el señalado por el autor en este pequeño ensayo?

Quizás sí o quizás no, eso lo tendrá que decidir cada lector, aunque una cosa sí que está clara, todavía la sombra más famosa de Whitechapel sigue aún sin ver la luz y oculta un misterio de más de 100 años.

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