Los finales

Hace pocos días fallecía Terry Pratchett (1948-2015), uno de los autores más reconocidos dentro del mundo literario y creador del famoso Mundo Disco.

Tuvo un final injusto, devorado por la enfermedad de Alzheimer y sin recordar ninguna de las historias que él mismo había creado y que tanto hicieron soñar a sus lectores.

Y este es el motivo que me lleva a hablar sobre el tema elegido, tanto en los finales literarios como los de los propios autores, a veces más sorprendentes e irónicos que los de la ficción.

Un caso curioso es el del escritor americano Ambrose Bierce (1842-1914). Hoy en día quizás no es muy conocido, pero en su época se le consideró el heredero de Edgar Allan Poe (1809-1849) e incluso H. P. Lovecraft (1890-1937) lo menciona en sus trabajos. Bierce escribió muchos cuentos de temática misteriosa y transcendental, un estilo muy de moda a finales del siglo XIX, pero lo curioso es que su vida terminó siendo un misterio.

Ambrose llegó a México en 1914 supuestamente para luchar en la rebelión de Pancho Villa (1878-1923), aunque ya era un anciano. Y hasta ahí se sabe de él. Para algunos falleció en el sitio de Ojinaga en enero de 1914, para otros fue abducido por extraterrestres, como un protagonista más de sus propias historias. Sea cual fuera la verdad, es uno de los misterios de la Literatura que más han dado que hablar.

En Europa también hay finales curiosos, como el que le ocurrió a Charles Dickens (1812-1870), el británico fue uno de los supervivientes del accidente ferroviario de Staplehurst, donde varios vagones cayeron por un puente el 9 de junio de 1865.
Dickens sobrevivió en el único vagón de primera clase que no se precipitó por el puente. Pero si os suena la fecha del 9 de junio es porque murió justo ese mismo día pero cinco años después. Sin lugar a dudas, su día de mala suerte.

No solo hay finales de escritores curiosos, los finales dentro de la Literatura siempre consiguen amores y odios por igual, pero eso da para otro tema diferente del que seguro que hablaremos en otro momento.
Volviendo a nuestra propia vida, no podemos decidir (al menos en teoría) cuando y como va a acabar, pero si uno es un escritor sí que puede decidirlo por sus personajes, a no ser que estos se le revelen como le ocurre a Miguel de Unamuno (1864-1936) en su obra Niebla (1914), en la que Augusto su protagonista, decide visitarlo para expresarle su disconformidad con el final de la obra y que atañe directamente a su vida. Un deseo que seguro muchos protagonistas de ficción o lectores de la vida real les gustaría poder realizar.

Seguro que a Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis (1915) no le hizo gracia que su historia se relatara en base a su transformación en bicho. Y hablando de bichos la reciente película Enemy (2014), cuyo director al parecer se ha tomado licencias artísticas que no aparecen en la novela de José Saramago (1922-2010), ha desconcertado bastante a los que se han acercado a verla. El tema de las adaptaciones cinematográficas da para varias entradas, así que no nos extenderemos más en esta.

Para terminar, sobre los finales hay mucho que decir, pero por quedarnos con una frase, la conclusión sería que para escribir un buen final tanto en la vida como en la Literatura hay que tener un poco de suerte y dar por hecho de que siempre habrá a alguien a quién no le va a gustar.

Descanse en paz, Terry Pratchett.

 

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