Sexualidad, modas y libertad

26 May

 

Hacía mucho tiempo que no escribía ningún tipo de reflexión para esta sección de miscelánea, pero estoy planteándome volver más habitualmente, tratando temas de actualidad para reflexionar aquí en unas líneas e invitar a la reflexión a otros también.

En los últimos días se ha producido un debate acerca de la presencia de los personajes LGTB en la literatura, seguramente sabéis a que me refiero. No haré referencia al hecho en sí, porque quiero centrarme en una perspectiva más global del asunto y no en algo concreto.

La perspectiva será sobre la visibilidad de personas que no estaban presentes en los grandes medios (y me resulta indiferente el formato escogido, aunque aquí se hable de literatura). Personas que hace tan solo algunas décadas consumían productos culturales de cualquier tipo sabiéndose invisibles.

Los grandes protagonistas, los héroes que siempre conseguían la solución a tiempo eran hombres, blancos y que siempre se llevaban a la chica. Esa imagen icónica que todos tenemos en la cabeza, se comenzó a resquebrajar tras la II Guerra Mundial, cuando la gran mayoría de soldados que volvieron a sus hogares notaron un pequeño cambio, sus mujeres ya no eran las mismas y no estaban dispuestas a seguir siéndolo. Este solo fue uno de los pasos, tras esto, llegaron movimientos juveniles como los hippies en los años 60, que no solo buscaban el fin de las guerras, sino que fueron cambiando las mentes a una nueva generación y abrieron camino a ciertas libertades ya olvidadas y algunas nunca conseguidas.

Mientras tanto, el icono del hombre blanco y heterosexual se fue haciendo cada vez más pequeño, tal y como reflejaba con su pluma visionaria Richard Matheson (1926-2003) en El increíble hombre menguante (1957). En el párrafo superior, he escrito conscientemente la palabra olvidar. Y es que si algo marca nuestras vidas, es el olvido y el recuerdo, somos lo que somos en función de nuestros recuerdos. Con ellos construimos nuestro discurso presente a través de retazos del pasado, desde nuestro yo más interno, hasta la sociedad más globalizada que queramos imaginar. Ese abismo del yo, ya quedaba reflejado en la obra de Matheson, y plantea grandes y buenas preguntas. Si no lo sabemos todo y nunca lo podremos saber, que mundo nos estamos creando, ¿uno real o uno de ficción, en consonancia a nuestros propios intereses?

A lo que hago referencia con esta pregunta, es al hecho de que con probabilidad habréis visto por distintos canales de información que la amplia presencia (o la aparentemente amplia) de personas LGTB es una especie de moda. Un momento de locura transitoria global en el que todo el mundo se declara gay, como en aquella famosa película de los 90, In & Out, donde el personaje de Kevin Kline ve como su mundo cambia y tiene que intentar saber quién es realmente, a raíz de un simple comentario sin demasiada importancia.

Y aquí puedo recurrir a la filosofía o la psicología, apelando al yo. ¿Sabemos quiénes somos? ¿Esperamos que alguien nos lo diga o corrobore a través de vernos identificados en algún personaje de ficción? Nuestra sexualidad es parte de nuestro yo, y quizás hay este uno de los problemas de hoy (y de siempre) no sabemos quiénes somos o quienes queremos ser en esta nueva sociedad, donde no es tan importante tu construcción interna personal, como el hecho de aparentar que eres algo o alguien a través de la enésima foto subida a instagram, ¿qué hay en realidad tras esa imagen ideal?

Quizás por ello, las personas buscan construir su yo con pedacitos de esos personajes que les marcaron, ver referentes en todos los campos y en todos los ámbitos ayuda y reafirma su yo, les hace sentirse bien, iguales y que nadie les señalará con el dedo por vivir la vida que quieren vivir. Su vida.

Aquí entran los creadores en juego. Puedes ser un creador más o menos apegado a tu realidad social, cada uno define su trabajo de forma diferente, pero nadie escapamos a ser hijos de nuestro tiempo y eso también te define como creador (entre otras cosas por supuesto). El plantear la libertad sexual como una moda, puede llevar a muchos a sentirse en la obligación de estar más o menos a la moda.

Pero esto tiene un problema de base, la libertad sexual no es una moda de nuestro momento actual, sino que ha estado presente en la historia desde los primeros elementos escritos que conservamos, y seguramente antes de eso también se producía, aunque es difícil demostrarlo. Lo que no podemos averiguar del todo desde nuestra perspectiva actual, son las implicaciones sociales o culturales que conllevaban. En algunas sociedades parecía que no generaba problemas, en otras, sin embargo, era fuente de castigo, pero es un camino ambiguo muchas veces y sujeto a interpretaciones porque hemos perdido parte de la información.

Con esta pequeña aclaración, vuelvo al ámbito de la creación artística, como creadores vamos a estar atados a nuestros propios yo, nuestras circunstancias personales que provocaran que plasmemos el mundo de una forma u otra. Y es un dilema eterno, sobre si el creador tiene que ser fiel a sí mismo y lo que quiere contar o no. Hay que tener en cuenta que no a todo el mundo va a gustarle nuestro trabajo. Esto nos puede presionar, sobre todo si nuestra obra adquiere determinado peso, cuanto más conocido sea el autor, más estará expuesto a que se opine de su trabajo. Y hay que asumir esa exposición.

Mi posición sobre este tema está a ambos lados, desde el punto de vista del creador, es fundamental para mí expresarme, crear mi mundo literario a través de lo que quiero contar. Buscar mi propio yo y mi camino creativo. Eso debe estar por encima de correcciones sociales o comportamientos aceptados. El arte tiene que hacernos pensar en algo más, cada cual en lo que se quiera centrar. Y eso es libertad creativa, pero todos sabemos que cuando creamos una obra, la mitad del proceso es lo que hace el autor. La otra mitad es tarea del lector, este puede interpretarla como quiera, porque tiene su libertad para hacerlo y hay que aceptarlo. Aunque produzca a veces desánimo o dolor, la obra ya no es solo mía.

Todo escritor es también lector, y como tal, yo hago también este proceso de interpretación de cada texto que leo. Intento llegar a empatizar con lo que me quieren contar, pero también interiorizo su obra desde mi propio mundo personal. Y eso es lo mágico, poder crear lo que queramos y dejarlo libre para que quién quiera leerlo lo convierta en algo propio a su forma de ver el mundo.

Lo personalizaré más, si alguien me preguntara si alguno de mis personajes pertenece al colectivo LGTB, mi respuesta sería clara. Eso no me compete a mí decirlo. En mi trabajo yo no digo nada respecto a la sexualidad (ni otras características que se quieran añadir) de mis personajes, están desdibujados incluso físicamente. De hecho, en algunos casos no se sabe si se trata de un hombre o una mujer. ¿Y por qué? Porque no hay normas para crear, porque puedo dar parte de la información pero no toda, quiero que el lector imagine, que cree su propio mundo. Al igual que mi imaginación creaba desde mi infancia cuando comencé a leer. Yo no tengo que decirle al lector como tiene que leer mi obra, él la puede interpretar como quiera.

Una de las sensaciones que más me producen determinadas obras al leerlas es que escriben todo. Me dicen demasiado, esta todo el camino marcado, ¿y mi libertad de pensamiento para crear mi propio yo?

Y vuelvo al yo y a la identidad de nuevo para terminar esta caótica reflexión. Sé que no me he centrado en un solo tema y que he divagado entre diferentes ideas. Es normal en mí, no puedo tener la mente quieta.

Pero si tuviera que resumir todo lo anterior en unas pocas frases, estas serían que la presencia de personajes LGTB es imprescindible porque siempre han estado ahí, no es una moda. Que los veas más o menos es fruto de tu propia realidad creada en base a lo que te han enseñado o has querido aprender. Mis propios personajes seguro que lo son en la creación propia de algún lector y me parece maravilloso que esto ocurra.

Así que finalmente, tanto escritores como lectores tenemos que tener libertad para construir nuestra narrativa. Esa libertad mostrará a los otros como somos realmente, sin máscaras y ahí el resto decidirá si merece la pena conocernos o es un viaje a ninguna parte.

Compartir:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *