El espectroscopio del alma

26 Ene

 

Todo género tiene sus precursores, autores que han dado forma o han sentado las bases de esas historias que nos han proporcionado horas de emoción, aventuras y momentos que no por ser leídos están menos vivos en nuestras mentes.

Pero a veces, el tiempo y el olvido ocultan a algunos de esos pioneros y solo son redescubiertos gracias a casualidades del destino. Eso debió pensar Sam Moskowitz (1920-1997), cuando a principios de los años 70 trajo una recopilación de relatos breves para el público americano, aquel libro se tituló The Crystal man y hoy no es fácil de encontrar.

Moskowitz famoso entusiasta y estudioso del género de la ciencia ficción, dedicó toda su vida a su conocimiento y divulgación en parte dentro de su participación en la creación de prensa especializada.

Esta historia que se podía haber quedado en una simple rareza, ha llegado al público en español gracias a Orciny Press, una joven editorial que selecciona pequeñas obras para su catalogo que esconden grandes tesoros.

El espectroscopio del alma es uno de esos títulos. Se trata de uno de los cuentos que esta recopilación contiene. Tanto esta, en español, como la realizada por Moskowitz recogen parte de la breve pero intensa trayectoria narrativa de Edward Page Mitchell (1852-1927) uno de esos nombres perdidos dentro del género de la ciencia ficción.

Page nacido en una pequeña localidad, pronto se mudó a Nueva York, la ciudad que le vería crecer como autor y como periodista, aunque trabajó en varios medios de diferentes ciudades es conocido por su relación con el periódico The Sun.

Su vida como periodista le permitió vivir bien y sin demasiadas preocupaciones y quizás por ello los cuentos que escribió desde la década de los años 70 del siglo XIX quedaron como anécdotas en su vida, en vez de lo que realmente eran, los precursores de los grandes arquetipos y temas recurrentes de todo un género literario, el de la ciencia ficción.

Sorprende leer cuentos como El hombre más capaz del mundo (1879) donde se plantea el uso de androides y las consecuencias (no muy positivas) que podrían tener para el ser humano. Planteamientos que desarrollará décadas más tarde uno de los padres del género como Asimov por ejemplo.

El relato de La hija del Senador, también del mismo año, donde se nos presenta un Estados Unidos alternativo en lucha contra China y con partidos que abogan por el vegetarianismo y la abolición de las luchas raciales, es todo un maremágnum de ideas que suenan rompedoras y actuales pero que este autor ya manejaba como propias en el siglo XIX.

Todo ello, aderezado con un humor muy americano, lleno de hombres de mundo modernos que se pierden en experimentos con profesores alemanes chiflados. Para Page todo el saber más puntero de la época se podía encontrar perdido entre algún aula de universidad europea.

Una delicia de cuentos que se harán cortos a los amantes del género pero que sirven de puerta de entrada a las propuestas de este autor que merece la pena conocer. No he podido leerlo en inglés por el momento pero la traducción al español es muy disfrutable y te mete de lleno en la ciencia positivista del siglo XIX que todo lo puede y si no, lo inventa.

Mención especial merece el traductor Hugo Camacho que añade de su propia cosecha una curiosa entrevista con Moskowitz al estilo narrativo que Page hacia en The Sun y con viaje en el tiempo incluido.

Lo dicho, si estáis al día de todo el género y queréis encontrar algo que sepa a añejo pero que disfrutéis igualmente, le podéis dar una oportunidad a esta recopilación de cuentos. No os va a defraudar.

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