El califa Cigüeña

Tras una nube de polvo se dibuja la figura de un jinete. La caravana cuando lo ve aparecer en la lejanía se teme lo peor, van a ser atacados. Pero contra todo pronóstico, el mal presentimiento inicial queda en nada, el jinete se presenta como Selim Baruch, un familiar del visir de Bagdad que está huyendo de sus captores y busca refugio para poder regresar a casa.

De esta forma tan repentina comienza este primer almanaque de cuentos de Wilhelm Hauff (1802-1827). Publicado por primera vez en 1826, el joven escritor alemán seguía la tradición de cuentos y recopilaciones de leyendas que ya se había iniciado en la época, buscando las raíces de las culturas de los pueblos.

A diferencia de sus compatriotas los hermanos Grimm que se decantaron por situarlos en Europa. Hauff viajó con sus cuentos a Oriente recreando los mundos de la cultura musulmana y Las mil y una noches. En esta pequeña recopilación, Selim tras ganarse la confianza de la caravana, les propone contar un cuento cada noche a uno de los comerciantes para romper el hielo y entretenerse en el camino.

El propio Selim comienza el juego narrando la historia del Califa Cigüeña. Un aburrido y confiado gobernante de Bagdad que queda transformado en cigüeña junto a su visir tras ser engañado por un misterioso comerciante.

Ambos han inhalado unos polvos negros que les han transformado en animales, pero por avatares del destino, han olvidado la palabra mágica que los volvería humanos de nuevo. Su aventura en busca de una solución, está narrada junto a otros cuentos que recrean los mitos y las enseñanzas que los comerciantes han ido aprendiendo a lo largo de su vida viajera.

Tras estos cuentos, realizados para niños de familias ricas, a los que solía dar clase. Se encuentran toda una serie de moralejas y aprendizajes. El lector moderno puede sorprenderse si los lee, de que este tipo de relatos estuvieran planteados para el público infantil. Hay que tener en cuenta que en ellos hay sangre, violencia, injusticias, secuestros, mujeres que son vendidas como esclavas y un largo etcétera.

La razón de ello es clara, antes lejos de los países con un estado del bienestar más asentado y al menos a priori más seguro, el resto del mundo vivía en una maraña de posibilidades peligrosas. El enseñar a los niños a ser precavidos ante determinadas situaciones o valores que deberían tener si no querían ser castigados por la vida, era de vital importancia. A día de hoy, donde el mundo infantil siempre pasa por un filtro Disney, este tipo de cuentos nos pueden parecer muy duros para niños pequeños. Pero desgraciadamente era una realidad que podían llegar a vivir muchos niños de la época y también de la nuestra en diferentes partes del mundo.

Narrado como un metarelato, al final todos los detalles y las historias se van entrelazando en una historia común. Y es que en este mundo exótico y alejado del tiempo nada ni nadie es lo que parece en un principio.

Como apunte final, el director de cine ruso Valeriy Ugarov (1941-2007), realizó en 1981 su propia versión del Califa Cigüeña. Una pequeña joya del cine ruso de animación, que la colección de Videocuentos Infantiles trajo a España a principios de los años 90.

Sin lugar a dudas merece la pena echarle un vistazo, tanto a la versión animada como a la escrita.

Compartir:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un comentario