La vuelta del torno

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 18 de mayo de 2016, en este enlace.

Puede que sorprenda este título, o que alguno piense que debe tratarse de una nueva obra del escritor americano Henry James (1843-1916). Pero nada más lejos de la realidad, han sido los traductores de esta versión de Libros del Asteroide, los que han propuesto un título más acorde al original inglés, The Turn of the Screw. Un juego de palabras en torno al concepto de girar que puede quedar mejor expresado bajo el título de La vuelta del torno, en oposición al otro que casi siempre ha tenido, Otra vuelta de tuerca.

Y mi pensamiento sobre que el primer título mencionado está mejor es debido a que en esta pequeña novela no vamos a encontrar ningún giro argumentativo, nada que nos sorprenda, nadie que haga algo que no esperaríamos. No, aquí James solo nos trae la opresión de una sociedad que se ahogaba en sus propias normas. Que giraba siempre sobre los mismos defectos y que todo ello le impedía avanzar. En resumen, la historia de una obsesión. Una oscura obsesión que aprisionará tanto a sus protagonistas que les encerrará en un ambiente claustrofóbico, donde quizás la única salida, sea la menos deseada de todas.

La vuelta del torno comienza como un metarelato. Siguiendo el tópico de la época y el gusto por los fantasmas, un grupo de personas están reunidas en una casa inglesa contándose historias de miedo. De repente uno de los miembros recuerda lo que le contó la antigua institutriz de su hermana pequeña, y como le dio un manuscrito donde quedaba reflejada la experiencia vivida. Esta curiosa presentación provoca en sus amigos el deseo de conocer la inquietante historia.

Este relato no es otro que el de una joven institutriz que pensando que ha obtenido el trabajo de su vida, viaja hasta una mansión inglesa para hacerse cargo de Miles y Flora. Dos niños perfectos que le harán vivir el verano más memorable de su vida. Pero al llegar el otoño lo que parecía una historia idílica se transforma en una pesadilla, cuando la institutriz sabe de la existencia de dos antiguos trabajadores de la casa que quieren seguir estando en ella y ejercer su influencia sobre los niños.

A partir de ese momento, la joven institutriz se verá involucrada en una lucha contra las medias verdades de los habitantes de la casa, las imposiciones sociales y su propia cordura.

Esta breve obra apareció en forma de entregas en la revista Collier’s Weekly durante unos cuatro meses. Y quizás fuera por este sistema, o porque el autor quería dejar grandes incógnitas que nos atormentaran hasta hoy en día. Pero lo cierto es que se queda demasiado corta. Crea demasiadas expectativas que luego quedan poco cumplidas. Quizás al pasarla al formato libro podría haberle dado una vuelta de tuerca que no le habría venido nada mal y dejarla más completa. Aunque quién sabe, quizás su propósito era sonreír desde el otro lado mientras los lectores le dan vueltas al relato.

De todos modos, por su brevedad y fácil lectura puede ser un comienzo interesante para aquellos que nunca hayan probado las historias de fantasmas del siglo XIX. Esta obra presenta todos sus tópicos en apenas 200 páginas. Para los que sean lectores del género les sabrá a poco, aunque como curiosidad siempre le pueden echar un vistazo. También puede ser una buena forma de empezar con Henry James, ese americano que siempre quiso ser británico.

Yo me arrepiento

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 21 de abril de 2016, en este enlace.

Con esta contundente confesión quiero empezar esta reflexión de los pecados cometidos y la escasa falta de criterio propio, que muchas veces tenemos todos y cada uno de los que nos dedicamos a escribir.

Pero especialmente esto puede servir para aquellos que somos unos novatos. Como en aquella célebre película en la que Al Pacino lo arriesga todo para morir en una sobredosis de poder, dinero y sangre. Todos los novatos preferimos emular esa apoteosis de lo alto de la escalera a reconocer los errores cometidos.

¿Y todo esto porque viene?

Porque en los últimos meses como parte del trabajo de cualquier escritor, he estado leyendo a otros que están tan en ciernes como yo. Y salvo por honrosas excepciones, de aquellos que aunque novatos se percibe que aman su trabajo. La gran mayoría de los libros son un despropósito que no habría producido el derramamiento de una sola lágrima si quiera, al ser arrojados a las llamas como muchos autores pidieron hacer con su trabajo a lo largo de la Historia.

Para muchos que lean estas palabras, les podrá parecer una opinión muy dura. Pero el renegar de las primeras obras es de lo más habitual. El ego, la juventud, la ignorancia o los eslóganes actuales de que cualquiera puede ser escritor si tiene unas teclas que aporrear, nos ha provocado el escribir creyéndonos dioses de la Literatura con 20 años. Lovecraft o Poe por citar solo un par de ejemplos pasaron por el fuego parte de su trabajo. Y este mal, es endémico de todo tipo de arte. Preguntar a Tarantino o a Kubrick sobre sus primeros trabajos y veréis el cambio de cara en la entrevista.

No todos, bueno nadie para ser sinceros, somos Rimbaud y podemos decir que ya lo hemos dicho todo en nuestras primeras décadas de vida.

Pero uno de los males del escritor, es vivir con ese halo de afectación sobre lo duro y casi místico que es su profesión. Y no hay que preocuparse que sino ha desarrollado el halo por sí solo, ya se encargará alguien de creárselo. Cuanto más grande se hace, se convierte en una pelota de proporciones planetarias que aplasta al autor y a todos los que se acercan a su obra.

Y no me refiero a los mitos de antes, sino a los nuevos escritores, cada uno de nosotros comparado en quién sea que tenga el suficiente nombre rimbombante para hacer que hordas enloquecidas corran a por ese ejemplar que les devolverá la fe en la Literatura.

Yo no entraré en esos debates, al menos hoy, mi reflexión la quería plantear desde el punto de vista del escritor, del escritor novato. Cuantos más días, horas y minutos de mi vida dedico a esta profesión más me enamora, pero a la vez también me acechan más dudas. Si soy capaz de ver que hay cosas que no deberían haber visto la luz, que remorderán la conciencia del escritor dentro de unos años, si es capaz de tener un momento de autocrítica sobre su trabajo.

¿Estaré yo también a la altura de lo que me propongo, aunque solo sea ligeramente?. O solo estaré proporcionando más basura a un mercado ya saturado de la misma. Y no, no quiero preguntarlo retóricamente, quiero dejarlo en afirmación consciente.

Todo artista y creador sueña con sus 15 minutos de fama, sus grandilocuentes reconocimientos y triunfos, parece que sin eso no somos nada. Es el ego, la banalidad de ver nuestro trabajo bajo el cristal erróneo. He leído en los últimos tiempos muchos artículos sobre lo mal que esta todo en el mundo literario.

Aunque todo siempre parece que está mal. Al margen de los que tienen el camino hecho para llegar al gran público, por el motivo que sea. Una posición en la que yo no me encuentro.

Nosotros, los novatos desconocidos, los que construimos nuestro pequeño mundo literario de espaldas a lo que todos leen y a las luces más brillantes de los carteles. ¿El tiempo nos creará un halo de misticismo literario, seremos los incomprendidos del futuro, los rescatados del olvido? ¿Nos arrepentiremos de nuestro primer trabajo?

Habremos engañado a algún lector ingenuo (o a muchos) y a la vez nos habrán engañado a nosotros haciendo publicable algo que no lo era.

¿Dejaremos algo que se pueda llamar Literatura, en este mundo en el que parece que todo ha perdido su nombre?

La carta 44: Velocidad de escape

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 13 de abril de 2016, en este enlace.

Ser presidente nunca ha sido tarea fácil, si además eres presidente de los Estados Unidos, la cosa puede complicarse bastante más, eso es justo lo que le ocurre a Stephen Henry Blades, el nuevo presidente de la vieja superpotencia americana. El día de su nombramiento en el cargo se encuentra en su despacho una misteriosa carta con el número 44.

Cuando la lee entiende varias cosas, por un lado, las razones del anterior presidente para meterse en guerras sin sentido a lo largo del mundo. Y por otro se entera de que ha sido enviada una nave como avanzadilla para averiguar que se esconde tras el cinturón de asteroides. Y las noticias no parecen ser demasiado buenas.

Blades tendrá que hacerse cargo del mandato intentando controlar a la maquinaria ofensiva americana y jugando sus cartas para afianzarse en el poder, antes de que todo le explote en las manos.

Este primer volumen de la Carta 44 (2015), está a medio camino de un capítulo de House of Cards o Homeland, con sus intrigas políticas y luchas por el poder y control sobre las armas más poderosas y las recientes películas de ciencia ficción como Gravity o Interstellar.

A lo largo de los seis capítulos, Charles Soule narra una historia con gancho que te atrapa desde las primeras páginas. Eso sí, desde una visión totalmente americana. Para aquellos que ya estén cansados de que los Estados Unidos hagan todo el trabajo y sean los señores del mundo, puede que solo les resulte otra historia más de ego patriota.

Pero los que se hayan criado con este tipo de narraciones o les encante el universo americano y sus mitos, como el presidente, el servicio secreto, las conspiraciones o los extraterrestres esta historia les traerá viejos recuerdos.

Sobre la trama no se puede añadir mucho más, porque si se dan más detalles se pueden revelar hechos que es mejor descubrir con la lectura y como es un primer volumen queda todo perfilado pero no se cierra ninguna trama.

Otro de los alicientes para leer la Carta 44 es el dibujo, que corre a cargo del español Alberto Jiménez Alburquerque cuya experiencia está centrada sobre todo en el país vecino. Su dibujo se caracteriza por un trazo muy naturalista con gran interés por captar los detalles en expresiones faciales y el cuerpo con abundantes líneas y sombreados. Lo que para algunos puede resultar duro en un primer vistazo pero la verdad es que dota de gran fuerza y movimiento a los personajes. Algo muy necesario para transmitir la energía de las escenas de acción.

La composición de las páginas es sencilla, nadie se perderá en su lectura y se consigue con ello una buena fluidez narrativa. Los escenarios están diseñados de forma más simple y de líneas más puras que los personajes, pero alcanzan gran nivel de detalle en los capítulos que nos narran las aventuras de la Clarke. La nave que fue enviada como avanzadilla al cinturón de asteroides.

Por último, merece la pena mencionar la doble página del final de cada capítulo y comienzo del siguiente, donde se deja que el dibujante se crezca en sus composiciones.

Solo queda hablar del color, en este número compartido por Guy Major (los tres primeros) y Dan Jackson los restantes. Predominan los tonos sobrios y oscuros, sobre todo en las escenas de la nave donde todo tiene un ligero tono gris verdoso, como apagado y claustrofóbico. El uso de la luz y la sombra a la hora de aplicar el color también está muy presente para generar volúmenes.

Pero donde destacan sobre todo es en la iluminación. Las estructuras espaciales, los focos de las diferentes naves y demás luces artificiales están plasmadas de forma genial, y parece como si pudieras tocar los destellos con tus manos.

Solo se puede añadir que tiene un comienzo interesante, habrá que ver los siguientes números. Todavía está abierta. En España están siendo publicados por Norma Editorial y de momento están los dos primeros números, el tercero saldrá en verano. Para los que no puedan esperar pueden seguir la edición original americana en Oni Press.

Cómo pilotar una nave espacial

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 13 de abril de 2016, en este enlace.

Muchas veces cuando navegamos por internet, lo que en realidad estamos haciendo es desperdiciar nuestro tiempo vital en perdernos en un mar de páginas y enlaces que no llevan a ninguna parte. Un día yo estaba perdido en ese mar cuando encontré algo interesante, dentro de un blog de historia absurda, la cual es frecuente en el ser humano, vi un pequeño anuncio sobre cómo pilotar una nave espacial. Como uno no sabe en que quedará el planeta en unos años, nunca está de más aprender conocimientos útiles.

Así fue como me decidí a leer la primera obra de este autor, Cómo pilotar una nave espacial (2015) de Bandinnelli (o Juan Jesús Botí, como se prefiera). Es una historia de ciencia ficción donde si algo destaca es el humor. A muchos les recordará a la Guía de Autoestopista Galáctico (1979), mezclado con la ironía y la estructura narrativa de Terry Pratchett.

Partiendo de estas referencias, el autor nos cuenta la historia de Jan, un pobre chico cuyo mayor sueño es ser piloto de naves espaciales. Pero está bastante lejos de conseguirlo. Trabaja de ayudante en la nave de Barriga Pot. La Tapicería Ambulante, que como se puede adivinar, se dedica a buscar muebles que tapizar y reparar por toda la galaxia. Nada emocionante.

Pero todo puede cambiar en la vida del joven Jan cuando la nave aterriza en Colonia A. Un humilde asentamiento perdido de la mano de cualquier Dios. Su casi homónima Colonia B, organiza la famosa Gran Carrera de Cáscaras y ‘Abuela’ Fastson es la flamante campeona de los últimos años. Así que quién sabe, quizás tenga la oportunidad de suplicarle que le enseñe algo.

Este hecho casual atrapará a Jan en una alocada aventura con la mejor piloto de la galaxia, su mejor amigo, Ally, un alien vegetariano. Saltos, un científico poco valorado y que es incapaz de quedarse en el mismo sitio mucho rato sin teletransportarse involuntariamente. Y un grupo de Eretristas que surcan el universo en busca del Planeta Paraíso, y cuya peculiaridad es que son pelirrojos.
Todos quedan vinculados de tal manera que el futuro de Colonia A depende de que consigan hacer algo a derechas por una vez.

Esta absurda historia que parece compleja en su sinopsis queda solventada en un formato narrativo ágil y divertido. Y eso que está contada sin capítulos sino insertando la acción en pequeños párrafos que van cambiando el punto de vista del lector, al más puro estilo Pratchett. Y que el autor para ser su primer trabajo, resuelve bastante bien.

Además no solo de humor vive esta historia, las constantes referencias al mundo real, e incluso una crítica a nuestra sociedad, están presentes en el trabajo. La alusión a los dos cónsules como sistema de gobierno de la Colonia, en claro paralelismo al mundo romano. No hay que olvidar que el autor es historiador. O la crítica al sistema corrupto que vemos con demasiada frecuencia en los medios, queda también reflejado a través de las conversaciones de los políticos o de referencias tan curiosas como la inauguración de un museo dedicado a la corrupción, todo ello hará esbozar al lector más de una sonrisa.

Aunque también hay otros elementos de la cultura popular. Jan es apodado por sus conocidos como «Solo» y el número de veces que ya ha fallado el examen de piloto. (En el libro ya va por 23). El historiador que ha escrito todos los hechos de la Colonia debe ser primo de Asimov por su parecido, con nombre y obra del célebre autor.

O el propio protagonista y su origen (Los Infiernos), un lugar perdido de la galaxia y de Murcia cuyo idioma es el Esperanto. Referencias como esta son habituales a lo largo de todo el libro y van dando mayor desarrollo a la obra haciendo que el mundo creado tenga más consistencia narrativa.

Quizás lo peor de la historia es que deja muchas tramas abiertas y sin explicar del todo, que puede provocar la sensación de quedarse a medias, como si uno hubiera leído una historia inconclusa. Quién sabe, quizás esto se deba a que puede ser el comienzo de más aventuras de Jan y aún le quede camino para ser conocido como el mejor piloto de la galaxia, como su casi homónimo cinematográfico.

Por el momento solo se puede decir que para alcanzar esta meta, primero hay que aprender a pilotar, así que habrá que leerla para poder pasar a las prácticas.

Sandman Shakespeare

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 15 de marzo de 2016, en este enlace.

Seguramente este año todo el mundo acabaremos un poco hartos de las continuas ediciones que se harán a lo largo de estos meses para recordar los aniversarios de varios gigantes literarios fallecidos en 1616.

Pero mientras algunas ediciones de estos clásicos no serán recordadas mucho más allá de este año, quizás otras puedan durar algo más de tiempo en nuestras mentes. El cómic-libro del que quiero escribir hoy, espero que sea de los segundos.

Tengo que reconocer que aunque Neil Gaiman (1960) siempre me ha gustado. Hasta este volumen no había leído nada sobre su aportación a la novela gráfica. Siempre había llegado a él como novelista pero nunca en el cómic. Conocía al personaje de Sandman como otro miembro de la cultura popular de las últimas décadas pero nunca lo había leído hasta ahora.

Y eso es un punto a favor de este cómic porque si estás en la misma situación que yo, podéis leeros este libro sin sentir que no os enteráis de nada. Solo veréis una pequeña ventana del universo creado por Gaiman en relación con Shakespeare.

Este cómic recopila la historia del famoso dramaturgo inglés dentro del relato de Sandman en las tres apariciones que tiene. Eso es algo que debéis tener en cuenta porque aquí Sandman pasa a ser un personaje más bien secundario, o el que nos presenta la historia de Shakespeare desde su propia visión.

En la única historia que tiene una presencia mayor es en la primera, donde nos cuentan los 700 años de amistad entre un hombre y un ser mágico a lo largo de sus reuniones en un pub inglés. Aunque parezca absurdo e ilógico, es una gran historia corta que nos narra cómo los seres humanos por muchas cosas que pasen seguimos siendo básicamente los mismos.

Esta pequeña historia titulada Hombres de buena fortuna perteneciente al ejemplar número 13. Shakespeare aparece como un secundario durante apenas unas viñetas, pero es justo en ese momento cuando el lector sabe la relación que tendrá con Sandman en la historia posterior.

Las otras dos historias cortas que se recopilan en este volumen sí que son ya un claro homenaje a Shakespeare. Sueño de una noche de verano (Sandman número 19) es una de las mejores historias de cómic que he leído. Así que no os extrañe saber que ganó el premio literario Word Fantasy Award de 1991. Toda una proeza dentro de este mundo donde en numerosas ocasiones se relega al cómic como el patito feo y de escaso valor literario, cuando no es cierto.

Volviendo a la historia corta como su propio nombre indica, el relato se centra en la famosa obra de Shakespeare, pero en esta ocasión Sandman le pide una representación para nada más que el rey y la reina del mundo de las hadas en la mitología inglesa, Oberón y Titania. Esta gran puesta en escena intimidará un poco a los actores que consiguen salir del paso ante su curioso público.

Y por último el tercer relato es la historia de cómo Shakespeare escribió La Tempestad al final de su vida, la otra obra que le encargó Sandman. Y que vio la luz en el número 75.

Otra cuestión curiosa que os vais a encontrar es que como recopila distintas historias de Sandman y es un cómic largo (1988-1996), los dibujantes son diferentes y no solo ellos, entintadores y coloreadores también lo son. Pero esto no es un problema que rompa el dibujo del cómic. Debido al gran trabajo de continuidad, las líneas básicas de los diseños de personajes o las ambientaciones y escenarios se mantienen igual. Aunque cada uno tiene sus rasgos característicos todos mantienen las pautas de un dibujo muy realista, con gran uso del sombreado y el entintado para generar contrastes de luz y sombras así como volumen a los escenarios. Que también están realizados con muchos detalles y con un uso preciosista de los colores predominando los tonos claros.

Para los que se fijen en estas cosas podrán observar como los colores se van apagando conforme avanza la vida del escritor a través de las viñetas desde la primera historia a la última. Como se utiliza el color para iluminar el pub de forma diferente a largo de los siglos en la primera historia, como se pasa del día a la noche en la segunda, o como los colores se van perdiendo hasta casi el blanco total en la tercera.

Todo está mimado al detalle y cuidado en extremo y si no somos capaces de verlo a primera vista el propio autor nos lo cuenta en el material adicional que se ha incluido en el libro. Hay bocetos de las viñetas, composiciones de páginas donde se ve el paso a paso de la creación de escenarios, perspectivas y textos, dentro de unas viñetas que parecen clásicas en su composición y estructura pero que llevan meses de trabajo detrás.

También se ha incluido los guiones del propio Gaiman, así como varios fragmentos de entrevistas realizadas por Hy Bender donde el propio autor y algunos de los dibujantes nos cuentan todo lo que hay detrás de la historia y como se fueron documentando, llenando los huecos con creatividad e imaginación cuando no tenían datos históricos a los que agarrarse y muchas cosas más.

Con una introducción y epílogo de Jorge García para situarnos en el contexto de la obra. Este pequeño cómic recopilatorio de Sandman puede ser una gran entrada al universo del Señor de los Sueños para todos los que aún no hemos atravesado la puerta.

El sermón del demonio sobre las artes marciales

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 15 de febrero de 2016, en este enlace.

El sermón del demonio sobre las artes marciales (1729) es una adaptación al cómic basado en las traducciones del texto original de Issai Chozanshi (1659-1741) realizadas por William Scott Wilson (1944) e ilustrado por Michiru Morikawa.

El autor de texto original vivió entre los siglos XVII y XVIII, fue un samurái perteneciente a la clase bunjin, también conocidos como letrados. Generalmente se apartaban de la vida pública para estudiar tanto artes marciales como otro tipo de materias. Escribió este texto recopilando su pensamiento sobre el arte de la esgrima, las artes marciales y su filosofía de vida, muy influido por el concepto del Tao.

William Scott Wilson es un reconocido traductor de literatura japonesa, en su mayor parte textos de samuráis, que recientemente recibió la medalla de la Orden del Sol Naciente en reconocimiento por ayudar a la entrada del pensamiento de la literatura japonesa en los Estados Unidos. Su primera traducción fue Hagakure, una guía espiritual y práctica sobre la vida de los samurái.

Sobre la ilustradora, Michiru Morikawa, ganó en el 2005 el Galardón Internacional de Manga y Anime. Nació en Japón aunque ha pasado gran parte de su vida en Birmingham. Ella misma define su estilo como abstracto y es habitual colaboradora en la adaptación al cómic de las traducciones y guiones de Sean Michael Wilson. Sus formas toman reminiscencias de las ilustraciones clásicas de los cuentos infantiles ingleses.

El lector habitual de este formato se encontrará ante una obra llena de detalles y que permite muchas relecturas e interpretaciones. La historia principal, el sermón del demonio, está dividida en partes mientras se intercalan pequeñas historias protagonizadas por animales casi siempre.

La historia principal trata sobre un samurái en búsqueda de los secretos del arte de la espada. Para ello se adentra en las montañas para intentar encontrar a los Tengu, demonios japoneses, con el objetivo de aprender los secretos más arcanos de la espada. Tras varios días de búsqueda finalmente logra encontrarse con cuatro de estos seres y, escondido, escucha su conversación.

Estos subrayan la importancia del desarrollo y control de la mente así como el cultivo del chi, la energía que fluye en toda materia, para alcanzar el mushin, el no-pensamiento. El entendimiento de cómo esta energía material y espiritual afecta y se comparte en el mundo cobra vital importancia. Todos estos argumentos son expuestos a través de ejemplos e historias de la tradición oriental. Que al lector occidental le recordarán en cierto punto a las fábulas de Esopo (620-564 a. C.)

También cuenta con unos anexos finales que aclaran temas y conceptos de los que trata la obra y poniéndolos en su contexto histórico. Lo que facilita su comprensión para los lectores que se acercan por primera vez a este tipo de texto.

Las viñetas se llenan de esta forma de simbología y curiosos animales antropomórficos donde cada detalle del dibujo y su trazo cobra vida y está íntimamente ligado al texto. La ilustradora se aleja en algunas historias del estilo más clásico del manga para dibujar de forma más natural a los animales, adquiriendo esa curiosa mezcla entre lo oriental del texto y las influencias occidentales del dibujo.

Como conclusión, no nos encontramos ante un manga de masas. Su propósito es el de introducir de forma más amigable a conceptos profundos de una filosofía tan antigua como fascinante que envuelve el mundo de los míticos guerreros nipones. Pero pese a no ser quizás para todo el mundo, todo aquel que tenga curiosidad debería acercarse a esta lectura.

El Anacronópete

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 8 de febrero de 2016, en este enlace.

Si hay algo de lo que siempre se acusa a la cultura hispana, es de olvidar frecuentemente a todos aquellos que han aportado algo a la misma, deslumbrados siempre por el mundo anglosajón, el cual también tiene sus virtudes por supuesto, olvidamos que en español también se ha escrito mucho. A veces más de lo que pensamos o imaginamos.

Uno de esos casos es el del dramaturgo y novelista Enrique Gaspar y Rimbau (1842-1902), este autor madrileño está prácticamente olvidado en nuestros días, a pesar de sus múltiples trabajos, entre ellos destaca una obra por la que se le suele mencionar de vez en cuando en algunas listas de pioneros de la ciencia ficción.

Si, este género seguido muchas veces por pequeños grupos hasta que se hizo de masas con el avance del siglo XX. Gaspar publicó en 1887, El Anacronópete, obra famosa por ser la primera vez en la que se habla, se construye y se usa una máquina del tiempo. Y es que el trasto que da nombre al libro no es otra cosa que un gran aparato, que deja la tienda de Harry Potter en mera casa prefabricada. En el Anacronópete hay de todo, un laboratorio, cocina, varios salones, sala de máquinas, despensa y todo tipo aparatos gracias a la electricidad, y por si fuera poco, consigue viajar a donde quiera, en cualquier espacio y tiempo.

Presentado en la Exposición de París de 1860 ante la atónita mirada de científicos de renombre y curiosos varios de la vieja Europa. Pero no penséis que este es un árido libro de ciencia ficción escrito en el siglo XIX con infumables descripciones. No tiene nada que ver. Y eso es porque si por algo se caracteriza la obra de Enrique Gaspar es por sus altas dosis de humor e ironía.

Pese a ser hijo de actores y no poder terminar su formación en letras. Gaspar fue un viajero y lector incansable, con 27 años consiguió una plaza en el cuerpo diplomático y este trabajo le llevó por toda Europa, África y Asia. Paso varios años en un país tan exótico para la época como China. Pero no solo estuvo allí, sino que aprendió de todos los lugares a los que fue. Sus explicaciones y conocimientos del mundo chino para la época son impresionantes. Conocía el Tao Te King y habla de él en el libro traduciendo algunos fragmentos, cuando este texto no apareció en Occidente hasta décadas más tarde y no todos lo comprendían.

Cualquiera que se acerque a la novela podrá comprobar los conocimientos y la brillante inteligencia de este hombre. Y lo que es mejor, la agudeza con la que describe o aprecia problemas socio-culturales o económicos de la época que terminarían estallando en el siglo XX.

Pero volvamos al Anacronópete, su creador Don Sindulfo García es un zaragozano, estoico y cabal que termina desarrollando semejante aparato en busca del amor. Su sobrina y pupila no quiere casarse con él. Así que, en su descabellado plan crea esta máquina del tiempo para viajar hasta algún momento oscuro de la historia donde pueda casarse sin que nadie se interponga. Con él viaja su amigo y hombre de letras Benjamín. Un amante de las lenguas y los cachivaches raros que eran muy frecuentes en la época. Momias, monedas, cuadros, pócimas mágicas y todo lo que pudiera parecer curioso y digno de valor histórico era almacenado y clasificado por los sabios (y los no tan sabios) del siglo XIX.

Benjamín se embarca en el viaje con la clara intención de encontrar algo que ya buscaba Gilgamesh en la primera obra de la historia, la inmortalidad. Junto con los dos chiflados científicos que ya los hubieran querido a su lado Martin McFly y Doc, viajan Clara y Juana. La una, la sufrida sobrina, la otra la criada, verdadera alma del viaje y mujer con agallas y desparpajo ante todas las dificultades.

Pero como en cualquier lio, todo no es tan sencillo, Luis y Pendencia no renunciarán al amor de sus chicas tan fácilmente, aunque tengan que viajar con sus hombres a través de los siglos, desaparecer, combatir en el final de la dinastía Han o tener que buscar a Noé en medio del diluvio universal. Pero eso sí, con sentido del humor que para eso son españoles.

Si tras esto queréis leer sus trabajos, con el Anacronópete lo tendréis fácil, volvió a salir a la luz en el 2014, publicado en la editorial Trasantier. Además en la edición se incluye sus cartas relatando su viaje a China y sus conocimientos sobre el país, todo un descubrimiento. Quizás lo peor ha sido no mantener su preciosa portada modernista del ilustrador Francesc Gómez Soler. Si lo hicieron en el 2005 en Minotauro, pero esta edición esta descatalogada actualmente.

De todos modos en Cervantes Virtual y en la Universidad de Alicante tenéis digitalizadas sus obras, por si alguien quiere conocerlo en su profundidad o ver las preciosas ilustraciones de la edición original. Si además queréis haceros con ella, en esta página -> http://elanacronopete.com/ , podréis encontrar una versión restaurada en papel de la original, y mucha infomación sobre el libro.
Es hora de reírse y pasar un buen rato con este hombre que tiene preparado el Anacronópete para como él mismo dijo «deshacer el tiempo».

Payasos y monstruos

Sorprende que este ensayo se inicie con una nota acerca de la veracidad de los hechos narrados, por muy absurdos o esperpénticos que estos puedan parecer. Pero es así como se ve obligado el antropólogo Albert Sánchez Piñol (1965) a comenzar su relato.

Aunque este autor es conocido por las novelas La piel fría (2002) o Pandora en el Congo (2005). Esta reseña se centrará en su otra faceta, la de ensayista sobre temas africanos.

En 2006 vio la luz este breve texto que no llega a las 200 páginas pero que son más que suficientes para hacer un simple esbozo del África que dejaron los europeos tras las independencias de sus países.

El autor solo se centra en una serie de mandatarios concretos, y apenas da algunas pinceladas sobre cada uno. Hacerlo de forma extensa requiere cientos de libros, que se han escrito y se seguirán escribiendo. Aunque eso sí, parece que hay más en otros idiomas que en español. Quizás a muchos no les interese recordar como señala Sánchez Piñol varias veces a lo largo de su exposición.

Los dictadores de los que él nos habla son solo ocho y se sitúan en el corazón de África, pero se podría ampliar ejemplos a todos los rincones del globo. Son por orden de aparición los siguientes: Idi Amin (1925-2003) dictador de Uganda y que tuvo su retiro dorado en Arabia Saudí hasta su muerte. Jean Bédel Bokassa (1921-1996) gobernante ‘napoleónico’ de la República Centroafricana y emperador de la misma. Kamuzu Banda (1898-1997) también conocido como doctor Banda, sus primeros 60 años de vida le sirvieron para ser considerado un gran hombre, los otros 40 se limitó a destrozar Malaui y a ser el claro ejemplo de que cualquier hombre bueno puede ser un monstruo si se le da poder.

Mobutu Sese Seko (1930-1997) dictador del Congo, se dedicó a apropiarse de todo el dinero y los recursos del que podría ser uno de los países más ricos del mundo si se utilizaran bien. Eso sí, se limitó a hacer lo que antes habían hecho los belgas. Sékou Touré (1922-1984), el casi analfabeto líder de Guinea no tuvo problemas para inventarse no solo su currículo, sino también toda la ideología de un país. Haile Selassie (1892-1975) el emperador medieval de la siempre enigmática Etiopía, que fue considerado casi un Dios y un mito viviente. Murió como los grandes emperadores, a la romana.

Los dos últimos, los reserva el autor para acercarnos nuestros propios olvidos, Guinea Ecuatorial, país al que muchos solo recordaran porque salió en las noticias hace unos años con motivo del polémico partido que iba a jugar la selección de fútbol pactado con un dictador. Todo el mundo se excusó diciendo que eran unos mandados.

Ese dictador es Teodoro Obiang (1942) actual líder de Guinea Ecuatorial y sobrino del anterior, Macías Nguema (1924-1979), al que él mismo derrocó en un golpe de estado, y que era muy fan de Francisco Franco.

Pese a lo que pueda parecer por esta descripción, el libro no es árido, el antropólogo narra los hechos con sencillez e intentando ser claro y conciso en sus referencias y datos. No es un pesado estudio con acumulación de fechas y sucesos para los más entendidos en la materia y lleno de notas a pie de página. Cualquier persona será capaz de leerlo y disfrutarlo (si es que eso es posible).

Otro punto a favor es la sutil ironía y el sentido del humor con el que está narrado. Haciéndolo todavía más próximo a la divulgación que a un libro solo de consulta y estudio. La única dificultad que puede presentar es que para aquellos que desconozcan totalmente la historia más próxima, de los años 60 hacia delante, puede que no hayan oído hablar de estos personajes.

Pero si ocurre eso, cualquier vista rápida a la red de redes puede solventar el problema porque son hechos recientes y conocidos. Incluye una breve bibliografía de ampliación para los que les piqué el gusanillo de ampliar contenidos.

Y por supuesto, si uno se tuviera que leer una sola parte del libro, el epílogo es perfecto para ello, en esas pocas páginas se resume la sinrazón, la vergüenza y la responsabilidad que los autodenominados países más desarrollados del mundo han tenido en todos estos hechos.

Un libro que desde la ironía y el sentido del humor hará reflexionar. Para que luego se diga que reírse no es instructivo.

Hellboy, semilla de destrucción

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 12 de diciembre de 2015, en este enlace.

Como muchas buenas ideas, a veces las mejores historias surgen del azar, poco se podía imaginar Mike Mignola (1960) que un simple dibujo realizado para una convención a principios de los 90 y que llamó casi sin pensárselo mucho, Hellboy, se acabaría convirtiendo en su personaje estrella y en el investigador paranormal que le haría famoso en todo el mundo.

Hellboy apareció por primera vez en la Comic-Con de San Diego de 1993, ya como una historia corta que fuera abriendo camino para presentar al personaje.

Mignola llevaba desde comienzos de los 80 trabajando para las principales marcas de cómics pero nunca había creado algo suyo. Mezclando sus pasiones más personales como el cine de serie B, los escritores de terror americanos, en especial H. P. Lovecraft, y la revista pulp Weird Tales, todo un icono de los años 50. A todo esto le añadió una pizca de folklore, mitos y leyendas de todo el mundo y con ello generó una historia tan peculiar como excelente y cuya extraña mezcla resultó ser todo un éxito.

La primera historia que apareció fue Semilla de Destrucción en 1994, aunque en España casi todo el mundo tiene la edición de Norma del año 2002 que contiene la historia principal, los orígenes del propio cómic (con las historias cortas) y una serie de ilustraciones de diversos autores que interpretan al personaje de Hellboy.

¿Pero quién es el protagonista de esta historia?

Pues nada más y nada menos que un demonio invocado por Rasputín en algún lugar de Europa, que ayudando a los nazis ven en Hellboy, el arma definitiva para ganar la II Guerra Mundial.

Contra todo pronóstico, son los americanos quienes acaban encontrando al recién nacido y como si de una especie de Moisés se tratara, el doctor Bruttenholm lo cría como a un hijo. Con los años, el pequeño demonio acaba siendo un agente especial en la Agencia de investigación y defensa paranormal, ayudado por sus compañeros Abraham Sapien (una especie de anfibio humanoide) y Elizabeth Sherman, una aparente chica normal pero que arde sin control cada vez que se la provoca.

En este primer caso tendrán que ir hasta una misteriosa casa para averiguar que ocurrió en una expedición al Ártico. Pero como siempre pasa en estas historias, lo que encuentran allí les hará enfrentarse a sus miedos si quieren llegar a sobrevivir.

A parte de los temas, otra de las características de esta obra es su dibujo. Hellboy es un cómic de colores puros, sin ningún tipo de degradado y con mayor presencia de tonos fríos que cálidos, si exceptuamos el intenso rojo del protagonista.

Mignola respeta bastante el formato viñeta de cada página y los personajes y bocadillos rara vez se salen de ellas. El movimiento lo consigue con gran dominio de las perspectivas y el escorzo.

Pero si hay un rasgo en su trabajo es el uso del negro, más que sombreados, los personajes aparecen rodeados de la más absoluta obscuridad y se nos presentan iluminados tenuemente, como si alguien los alumbrara con una linterna o estuvieran próximos a alguna farola.

Las escenas son casi cinematográficas al más puro estilo del cine negro clásico. Lo que no hace más que acrecentar el peculiar estilo de la obra.

Así que si queréis conocer a este gran personaje y envolveros en su mundo de sombras y terrores varios, tenéis que darle una oportunidad a este agente paranormal.

El marciano

El marciano es un libro de ciencia ficción que fue autopublicado en 2011 por Andy Weir (1972).

Como es bien conocido en el mundillo, las editoriales no suelen ver con buenos ojos este tipo de publicaciones, pues consideran que muchas no tienen un nivel adecuado y por ello si no existiera la plataforma de Amazon muchas de ellas no saldrían a la luz.

Así que fue toda una sorpresa el éxito de ventas que comenzó a tener, se corrió la voz y una editorial decidió asumir el riesgo de comprar los derechos de autor e incluso los de una película. Poco después salió a la venta en librerías donde se confirmó que la editorial no se había equivocado y su salida a la gran pantalla no se ha hecho esperar. Todo esto es muy meritorio teniendo en cuenta que es la primera novela del autor y que el tema que aborda es la ciencia ficción con un elevado tono científico, un género que normalmente no atrae a las masas.

La novela narra las desventuras de un astronauta, Mark Watney, dado erróneamente por muerto en una misión en el planeta rojo. Con unos recursos limitados y en un entorno hostil. Su única esperanza se basa en utilizar su entrenamiento y sus conocimientos científicos para salir adelante y tratar de buscar una salida a su situación.

Todo esto se nos narra en gran parte en primera persona, sobre todo en el primer tramo de la novela, desde la perspectiva de un diario que va escribiendo el astronauta. Para un lector no acostumbrado a la ciencia ficción esto puede resultarle difícil de digerir debido a los numerosos datos técnicos y cálculos con los que a veces nos desborda el protagonista. Aunque no os frustréis con esto, pues luego el ritmo de la trama mejora con la entrada de nuevos personajes.

Además el autor se esfuerza por crear un protagonista interesante; dotándole de un humor sarcástico, de un campo de patatas y de toda la telebasura y música de los 70 para darnos algunas frases memorables. La novela también nos muestra una imagen de la NASA a la que no estamos muy acostumbrados humanizándola bastante, tanto para bien como para mal.

Hay gente que no ha podido evitar encontrar reminiscencias de otras obras como la obvia, Robinson Crusoe (1719), y una obra del genial Julio Verne (1828-1905) y bastante parecida en su forma de narrar, La isla misteriosa (1874).

También es remarcable que ya hay personas que se han dedicado a señalar los diversos fallos científicos que uno se puede encontrar. Por ejemplo, los expertos dicen que sería imposible que el viento marciano pudiera ser tan fuerte como se describe en la novela. Así como la forma en que el protagonista cultiva las patatas mezclando suelo terráqueo con suelo marciano que ha cogido. El suelo de la superficie de Marte es estéril debido a la radiación que sufre el planeta por su falta de campo magnético. Aunque podría funcionar con suelo de capas más profundas según algunos científicos.

En conclusión es un libro al que merece la pena leer con el que cualquiera puede iniciarse en el mundo de la ciencia ficción dura, aprender, reírse y sobre todo pasar un buen rato.