El espectroscopio del alma

Todo género tiene sus precursores, autores que han dado forma o han sentado las bases de esas historias que nos han proporcionado horas de emoción, aventuras y momentos que no por ser leídos están menos vivos en nuestras mentes.

Pero a veces, el tiempo y el olvido ocultan a algunos de esos pioneros y solo son redescubiertos gracias a casualidades del destino. Eso debió pensar Sam Moskowitz (1920-1997), cuando a principios de los años 70 trajo una recopilación de relatos breves para el público americano, aquel libro se tituló The Crystal man y hoy no es fácil de encontrar.

Moskowitz famoso entusiasta y estudioso del género de la ciencia ficción, dedicó toda su vida a su conocimiento y divulgación en parte dentro de su participación en la creación de prensa especializada.

Esta historia que se podía haber quedado en una simple rareza, ha llegado al público en español gracias a Orciny Press, una joven editorial que selecciona pequeñas obras para su catalogo que esconden grandes tesoros.

El espectroscopio del alma es uno de esos títulos. Se trata de uno de los cuentos que esta recopilación contiene. Tanto esta, en español, como la realizada por Moskowitz recogen parte de la breve pero intensa trayectoria narrativa de Edward Page Mitchell (1852-1927) uno de esos nombres perdidos dentro del género de la ciencia ficción.

Page nacido en una pequeña localidad, pronto se mudó a Nueva York, la ciudad que le vería crecer como autor y como periodista, aunque trabajó en varios medios de diferentes ciudades es conocido por su relación con el periódico The Sun.

Su vida como periodista le permitió vivir bien y sin demasiadas preocupaciones y quizás por ello los cuentos que escribió desde la década de los años 70 del siglo XIX quedaron como anécdotas en su vida, en vez de lo que realmente eran, los precursores de los grandes arquetipos y temas recurrentes de todo un género literario, el de la ciencia ficción.

Sorprende leer cuentos como El hombre más capaz del mundo (1879) donde se plantea el uso de androides y las consecuencias (no muy positivas) que podrían tener para el ser humano. Planteamientos que desarrollará décadas más tarde uno de los padres del género como Asimov por ejemplo.

El relato de La hija del Senador, también del mismo año, donde se nos presenta un Estados Unidos alternativo en lucha contra China y con partidos que abogan por el vegetarianismo y la abolición de las luchas raciales, es todo un maremágnum de ideas que suenan rompedoras y actuales pero que este autor ya manejaba como propias en el siglo XIX.

Todo ello, aderezado con un humor muy americano, lleno de hombres de mundo modernos que se pierden en experimentos con profesores alemanes chiflados. Para Page todo el saber más puntero de la época se podía encontrar perdido entre algún aula de universidad europea.

Una delicia de cuentos que se harán cortos a los amantes del género pero que sirven de puerta de entrada a las propuestas de este autor que merece la pena conocer. No he podido leerlo en inglés por el momento pero la traducción al español es muy disfrutable y te mete de lleno en la ciencia positivista del siglo XIX que todo lo puede y si no, lo inventa.

Mención especial merece el traductor Hugo Camacho que añade de su propia cosecha una curiosa entrevista con Moskowitz al estilo narrativo que Page hacia en The Sun y con viaje en el tiempo incluido.

Lo dicho, si estáis al día de todo el género y queréis encontrar algo que sepa a añejo pero que disfrutéis igualmente, le podéis dar una oportunidad a esta recopilación de cuentos. No os va a defraudar.

Alexandra David Néel

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 17 de enero de 2017, en este enlace.

En 1868 un hombre que no quería tener hijos, tuvo una hija. Esta niña fue Alexandra David Néel, una de las exploradoras más famosas de su época y toda una pionera en la investigación sobre el Tíbet y el budismo desde una perspectiva científica.

A Alexandra la conozco de leer sus trabajos desde hace un tiempo, así que cuando se presentó la oportunidad de darla a conocer gracias al proyecto Adopta una Autora, no lo dudé, sabía que tenía que ser ella.

El proyecto de Adopta una Autora nació de la mano de Carla Bataller Estruch, una traductora que decidió que la iniciativa de leer autoras en el pasado mes de Octubre no quedara solo como un impasse dentro de este mundo literario, en el que todo y todos vamos demasiado deprisa.

Por ello, en los últimos meses se fraguó este proyecto, abierto a todo amante de los libros que quiera participar. La idea es sencilla, se trata de rescatar autoras de cualquier época, género y condición para mostrarlas al gran público. Con el objetivo de hacernos saber a todos, que siempre han estado ahí y que seguirán estando para todos aquellos que quieran perderse entre sus páginas.

Muchas de ellas pasan de puntillas en los libros de Historia y Literatura, como sombras en los márgenes o siendo simples apartados y pies de página, pero si el mercado lo crea la demanda, ya es hora de que nosotros, los lectores, decidamos dar una oportunidad a todos los autores y eso las incluye también a ellas.

Es por eso que me apunté al proyecto de inmediato y también por eso pensé en Alexandra. Ella nació en plena época colonial, vivió la Belle Epoque más onírica e irreal, luchó contra ese mundo de fantasía creado para ellas como un ideal pero que escondía jaulas de oro detrás. Se fue, sola, sin nadie que le dijera lo que tenía que hacer o pensar a descubrir el mundo, a vivir la vida y aprender las lecciones que se le pusieran a su alcance. En sus viajes por Oriente vio la cara menos bella del ser humano y entre el bien y el mal se buscó a sí misma en los caminos perdidos del Tíbet.

Solo por algunas pinceladas como esta, sabía que tenía que escribir sobre esta mujer para este proyecto. Mi primer acercamiento ha sido a su vida, a través de la biografía que Ruth Middleton publicó en 1989 sobre su figura. Es un libro muy bueno para empezar a conocerla, no es muy extenso y a través de sus doce capítulos nos muestra un breve acercamiento a su vida.

Difícil de condensar en cualquier libro porque vivió cien años. Hay otras obras más extensas como las biografías de Gilles van Grasdorff o Joëlle Désiré-Marchand (ambas en francés) pero en ese caso son solo para los que quieran tener un estudio más detallado.

Como primer acercamiento el ensayo de Middleton es más que suficiente. La autora americana se centra sobre todo en sus viajes por Oriente que son la parte más importante de su extensa vida y los que influyeron notablemente en el público europeo. También se incluyen algunas fotos de ella misma y de familiares cercanos que ayuda a poner cara a todos los personajes relevantes de su vida. Además en la parte final se añade su bibliografía (si sabéis francés estáis de suerte) y también algunos libros en inglés y castellano.

No quiero extenderme más en esta primera entrada en la que solo pretendía presentar el proyecto y a la autora elegida a través de una pequeña biografía. Sé que apenas he hablado nada de ella, ha sido algo consciente, como dirían sus maestros budistas y más tarde ella misma cuando lo fue, al alumno no hay que decirle lo que tiene que aprender, simplemente hay que mostrarle donde empieza el camino. Bien el camino puede comenzar en el breve libro de Ruth Middleton y puede seguir hasta donde vosotros queráis.

Kokoro

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 12 de diciembre de 2016, en este enlace.

Intentar resumir en unas pocas líneas cómo se puede llegar a la auténtica esencia de algo es una tarea complicada. Intentar llevarlo a cabo en un libro que aparentemente no cuenta gran cosa, puede parecer todo un logro.

Logro que intenta conseguir Natsume Soseki (1867-1916) en uno de sus últimos trabajos, Kokoro (1914). En la edición que yo he leído de la editorial Impedimenta, el propio traductor, Fernando Cordobés, señala que el significado de la palabra que da título al libro va mucho más allá que simplemente corazón.

Y es la impresión que uno tiene tras leerse el libro, que hay demasiadas capas y puertas que se van abriendo hacia el interior de unos personajes atrapados en medio de un mundo que está cambiando.

Kokoro puede dividirse fácilmente en tres partes. Las dos primeras son narradas por un joven estudiante de la Universidad Imperial de Tokio, que tras un encuentro casual con un hombre mayor durante sus vacaciones de verano, comienza una relación de amistad que continua a su regreso a Tokio. Esta primera parte se compone de los retazos de recuerdos del joven sobre los encuentros que tiene con Sensei. Un personaje que va acrecentando su halo de misterio y fascinación ante los ojos del estudiante y a cada página que el lector concluye.

La segunda parte del libro son los recuerdos del mismo joven tras graduarse en la universidad y regresar a su casa, un pueblo. Aquí nos encontramos ante un choque generacional y de visión del mundo, entre el estudiante que mira a su alrededor de manera muy diferente de como lo hacen sus padres, gentes humildes y rurales que se sienten desconcertadas ante los nuevos cambios sociales prodecentes del contacto con Occidente.

Pronto ambos puntos de vista chocaran y el joven solo sentirá la necesidad de huir hacia adelante ante un mundo y una forma de vivir que agoniza igual que el emperador Meiji lo hizo en el verano de 1912.

Esa era de cambios fue para el Japón feudal de los Tokugawa el principio del fin, en 1868 su negativa a participar en el mundo terminó y supuso toda una ruptura mental para el pueblo japonés que intentaba seguir teniendo una identidad a la vez que luchaba por integrarse en la nueva concepción del mundo, sin ser un premio más para las potencias occidentales.

Todo ese desconcierto lo apreciamos claramente en la tercera parte del libro, cuando el protagonista recibe una carta de Sensei que le explica su vida y todo aquello que siempre le quiso preguntar pero que nunca se atrevió.

En esta tercera parte, Sensei muestra su realidad y sus pecados de juventud, acciones que realizadas de un modo inconsciente le terminarán pesando el resto de su vida y de las que nunca se podrá librar.

Kokoro, libro sencillo y ameno de leer, expone tras toda esa sencillez la gran complejidad que puede tener una mente humana. Y el intento de su autor, Soseki, por llegar a la esencia de un modo de vida y su época.

Un imprescindible que se merece una oportunidad y que es una gran puerta de entrada a la literatura japonesa.

Portus

Este artículo se publico en la revista Culturamas el 23 de octubre de 2016, en este enlace.

Cuando uno se lee algo que no le convence del todo siempre es más difícil comenzar a reseñarlo.

Portus, manga de Jun Abe (1972) publicado en 2015 por Milky Way, aunque el original es de 2006, te deja esa sensación.

Y no, no estoy hablando de miedo, porque lo que es miedo a mí no me lo ha producido. Estoy refiriéndome a que en el mundo de las historias ilustradas para que algo funcione tienes que hilar ambos mundos, imagen o dibujo y la narración que cuentas.

Sin embargo, a mi parecer, mientras que el dibujo me ha resultado precioso, mimando el detalle y con unos planos espectaculares. La historia por su parte la encuentro débil, tópica y mal contada.

Pero antes pongámonos en antecedentes sobre la historia. Portus cuenta la vida de cuatro personas, en primer lugar está Chiharu, una joven estudiante de bachillerato que lleva semanas sin aparecer por clase. Sus compañeros y profesores tampoco le dan mayor importancia y asumen que se ha convertido en hikikomori. Hasta que un día aparece por clase de pintura, a la que solía ir con su mejor amiga, Asami.

Allí se reencuentran las chicas, pero tras una conversación breve entre ellas sobre las leyendas urbanas en torno a un videojuego llamado Portus, Chiharu sale despavorida ante la atónita mirada de su amiga y el profesor Keigo Sawa, el tercer personaje. La cuarta es otra profesora, la señorita Yamashita que aparecerá más adelante.

Tras la muerte de uno de los protagonistas, el resto comienza a tirar del hilo en relación al Portus y sus misterios. Y acaban descubriendo una truculenta historia que deberan intentar arreglar. Esa es la premisa que nos ofrece Abe para internarnos en su narración.

¿Cuál es el problema entonces?

Que a partir de aquí se suceden toda una retahíla de tópicos y clichés del género que el autor ha intentado unir para crear una historia pero que a mi juicio no ha logrado. Meter leyendas urbanas, videojuegos, objetos encantados, el típico niño, el pueblo maldito, la escuela (y un largo etcétera que ya no enumeraré para no hacer la lista interminable), en 225 escasas páginas terminan acabando en despropósito.

Sinceramente al único tipo de lector que le recomendaría el tomo sería a alguien que no conozca el género de terror japonés y quiera iniciarse en él con una historia breve.

Muchas de las referencias que tiene son meramente anecdóticas, las leyendas urbanas están ahí de pasada, el hecho de que sea un videojuego es puramente casual, podría ser un libro, una ventana o la cafetera donde os preparáis el desayuno por las mañanas. Así que si os acercáis a la historia atraidos por el asunto del videojuego, os va a decepcionar.

Otro grave problema es la inconsistencia en las personalidades de los protagonistas que pueden ser débiles o máquinas de matar resentidas de una página a otra. Pasar del trauma a la felicidad extrema o del nulo interés por algo a hacerse el líder de una expedición.

Problema que pienso que se agraba por la corta extensión del manga, un solo tomo. Y que provoca a la larga que el lector no empatice con los protagonistas ni sufra ni padezca por lo que les pase.

Para aquellos que aún así quieran leerlo, añadir que es explícito en escenas violentas (e incluso se pixela una, no entiendo muy bien el por qué) pero que está dentro de lo que uno se puede encontrar hoy en día en cualquier película, serie o cómic, no solo de terror, sino de casi cualquier género. Sobre el aspecto sexual, solo hay una escena semi-explícita (por definirlo de algún modo) y está metida a martillazos, no aporta nada y da la sensación de que la dibuja simplemente para hacer la historia más efectista.

Pero todo tiene una parte buena, y aquí es el dibujo, sin lugar a dudas. El manga es en blanco y negro, como es habitual, pero la mestría de Abe para crear escenas impactantes hace que uno no se dé cuenta de ello.

El punto fuerte son los detalles y la gran definición corporal de los personajes, manejando a la perfección las expresiones faciales y las perspectivas y escorzos para crear escenas con mucha potencia visual y movimiento.

Eso hace que sus personajes, sobre todo en los primeros planos parezcan muy realistas y se alejen de las clásicas caricaturizaciones que uno puede ver en los mangas, sobre todo, los dirigidos al público adolescente. Esta obra no va por ese camino y crea unas imágenes muy trabajadas donde las sombras y las luces para crear volúmenes se realizan a base de trazos diminutos y múltiples que van generando que los dibujos cobren vida.

Es un manga donde la prioridad la tienen los personajes y los escenarios quedan en un claro segundo plano, desdibujados o con pocos detalles. En un intento de crear al lector una sensación más claustrofóbica que sino fuera por su débil historia, se convertiría en un imprescindible.

Como conclusión, solo recomendarlo para los incondicionales de Jun Abe o interesados en su obra. A lo sumo, si uno es un novato del terror japonés y quiere empezar con algo. Para el resto creo que les dejará un sabor agridulce.

El califa Cigüeña

Tras una nube de polvo se dibuja la figura de un jinete. La caravana cuando lo ve aparecer en la lejanía se teme lo peor, van a ser atacados. Pero contra todo pronóstico, el mal presentimiento inicial queda en nada, el jinete se presenta como Selim Baruch, un familiar del visir de Bagdad que está huyendo de sus captores y busca refugio para poder regresar a casa.

De esta forma tan repentina comienza este primer almanaque de cuentos de Wilhelm Hauff (1802-1827). Publicado por primera vez en 1826, el joven escritor alemán seguía la tradición de cuentos y recopilaciones de leyendas que ya se había iniciado en la época, buscando las raíces de las culturas de los pueblos.

A diferencia de sus compatriotas los hermanos Grimm que se decantaron por situarlos en Europa. Hauff viajó con sus cuentos a Oriente recreando los mundos de la cultura musulmana y Las mil y una noches. En esta pequeña recopilación, Selim tras ganarse la confianza de la caravana, les propone contar un cuento cada noche a uno de los comerciantes para romper el hielo y entretenerse en el camino.

El propio Selim comienza el juego narrando la historia del Califa Cigüeña. Un aburrido y confiado gobernante de Bagdad que queda transformado en cigüeña junto a su visir tras ser engañado por un misterioso comerciante.

Ambos han inhalado unos polvos negros que les han transformado en animales, pero por avatares del destino, han olvidado la palabra mágica que los volvería humanos de nuevo. Su aventura en busca de una solución, está narrada junto a otros cuentos que recrean los mitos y las enseñanzas que los comerciantes han ido aprendiendo a lo largo de su vida viajera.

Tras estos cuentos, realizados para niños de familias ricas, a los que solía dar clase. Se encuentran toda una serie de moralejas y aprendizajes. El lector moderno puede sorprenderse si los lee, de que este tipo de relatos estuvieran planteados para el público infantil. Hay que tener en cuenta que en ellos hay sangre, violencia, injusticias, secuestros, mujeres que son vendidas como esclavas y un largo etcétera.

La razón de ello es clara, antes lejos de los países con un estado del bienestar más asentado y al menos a priori más seguro, el resto del mundo vivía en una maraña de posibilidades peligrosas. El enseñar a los niños a ser precavidos ante determinadas situaciones o valores que deberían tener si no querían ser castigados por la vida, era de vital importancia. A día de hoy, donde el mundo infantil siempre pasa por un filtro Disney, este tipo de cuentos nos pueden parecer muy duros para niños pequeños. Pero desgraciadamente era una realidad que podían llegar a vivir muchos niños de la época y también de la nuestra en diferentes partes del mundo.

Narrado como un metarelato, al final todos los detalles y las historias se van entrelazando en una historia común. Y es que en este mundo exótico y alejado del tiempo nada ni nadie es lo que parece en un principio.

Como apunte final, el director de cine ruso Valeriy Ugarov (1941-2007), realizó en 1981 su propia versión del Califa Cigüeña. Una pequeña joya del cine ruso de animación, que la colección de Videocuentos Infantiles trajo a España a principios de los años 90.

Sin lugar a dudas merece la pena echarle un vistazo, tanto a la versión animada como a la escrita.

El retrato de Dorian Gray

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 17 de octubre de 2016, en este enlace.

Poco podía imaginar el por aquel entonces, joven e inocente, Dorian Gray, que su belleza arrebatadora y su carácter infantil le iba a traer el mayor de los peligros en un inocente jardín lleno de olorosos perfumes y delicadas flores.

Pero los escorpiones más mortíferos también pueden trepar los muros de cualquier jardín.

Este clásico de Oscar Wilde (1854-1900) también supuso para su autor belleza y veneno al mismo tiempo. Concebido en un primer momento como un encargo para la revista Lippincott’s Monthly Magazine, donde se publicó, su paso a libro y el añadido de varios capítulos más provocaron todo un revuelo en la superficial y aparentemente perfecta sociedad de finales del siglo XIX, que avanzaba hacia el futuro invadida por una euforia de ciencia y positivismo excesivo y sin albergar ningún temor.

El retrato de Dorian Gray (1890) se convirtió en un contrapunto obsceno de lo que se podía llegar a conseguir si se arrancaba cualquier atisbo de humanidad de las personas y se apostaba todo al caballo ganador de la ciencia.

El experimento psicológico de Lord Henry tiene resultados fáciles y divertidos. No hay más regla que saltarse todas las reglas. Pero eso conlleva desgracias para todos y mucha autodestrucción cuando Dorian va creciendo en años y en maldad.

El bueno de Basil solo puede atrapar el alma pura de Gray un instante y termina creando un recordatorio permanente para el joven aristócrata de todos sus pecados cometidos.

Aunque la historia que se narra es de sobra conocida por todos. La gran mayoría se ha acercado a la misma, más por sus adaptaciones a cine o teatro que por la lectura del libro. Y es que es un libro complejo de seguir pese a que aparentemente no ocurre gran cosa.

Las casi 300 páginas de la novela solo cuentan la vida social de Dorian y su entorno, pero sin narrar nada escabroso o truculento, aunque el lector sabe que está ahí.

Utilizando una narrativa muy estética y llena de metáforas y símbolos, Wilde crea una realidad, plausible y onírica al mismo tiempo, en la que casi siempre lo que cuenta, no es lo que realmente te quiere decir.

Todo ello con referencias constantes a la filosofía griega, al mundo renacentista y a la realidad social de su tiempo. Es por todo esto que la lectura es compleja y si no estáis familiarizados con la obra del autor o con las referencias mencionadas unas líneas más arriba, no es recomendable su lectura porque perderemos más de la mitad de su mensaje.

En esta narración Wilde saca todos sus recursos y su forma de ver la vida, entre la belleza y el hastío, entre la conciencia social por lo que pasa y el nihilismo existencial de que ya nada tiene remedio y solo se puede disfrutar de un presente que se agota a cada paso. El hombre se ha convertido en un monstruo social que devora a otros.

Todas estas concepciones, Lord Henry las convierte en palabras dulces que regalan los oídos del joven e inmaduro Dorian y van taladrando su cerebro hasta convertirse en la criatura perfecta de su autor. Pero el alumno siempre tiene que superar al maestro en algún punto y este último paso precipitará su final.

Si no queréis ser envenenados por un libro, no os acerquéis a este clásico porque una vez que leáis solo unas pocas páginas y tengáis el veneno en el cuerpo, no podréis escapar de él.

Roswell, secreto de estado

Seguramente ya casi nadie recuerde si aquella noche de verano de 1947 fue calurosa o fría. Si el cielo estaba muy despejado o las nubes impedían ver las estrellas. Se ha contado todo demasiadas veces como para saber la verdad exacta.

Pero lo que ya casi nadie olvidará, es que aquella indeterminada noche veraniega creó uno de los mitos más famosos y grandes de Estados Unidos. Según los propios testigos, a principios de julio de 1947, en la pequeña localidad de Roswell, algo o alguien cayó a sus terrenos y cambió la historia de los extraterrestres y las conspiraciones del gran coloso de Occidente.

Sobre este tema se ha escrito mucho, para algunos será demasiado y para otros apenas se habrá rozado la superficie. Para mí, era un tema que desconocía salvo por las referencias de la televisión. Así que cuando hace un mes encontré en la librería esta reedición del libro de Javier Sierra (1971), la curiosidad llamó a mi puerta.

He de reconocer que no tenía grandes expectativas en el libro, debido a que me parece un tema complicado de tratar sin acabar con un cartel sobre el pecho anunciando la próxima conspiración apocalíptica a los coches de cualquier carretera, por tirar de tópico peliculero.

Pero el ensayo de Sierra ha sido una grata sorpresa. El libro, escrito en 1995 resulta ser una crónica periodística de los meses de verano de aquel año, cuando toda la opinión pública se revolucionó por las famosas autopsias de Roswell.

Aquellos hechos que el autor comenta en primera persona desde su experiencia como reportero en las revistas de la época, le sirven de puente para intentar hacer una cronología de hechos y sucesos rigurosos de todas las partes implicadas. Desde los oscuros orígenes de Ray Santilli para hacerse con el material, a los testigos de los años 40, pasando por los especialistas que reavivaron el caso en los 80.

Todo ello aderezado con las curiosas casualidades e inexplicables tropiezos de todos aquellos que pretendieron dar luz a un asunto muy controvertido. En el libro también se incluyen imágenes y documentos que siguen la exposición de los hechos pero debido a la edición tan sencilla de Booket, poco a nada se apreciará y el interesado en el tema deberá recurrir a los archivos digitales de internet.

Sobre la narrativa de Javier Sierra, es probable que muchos la conozcan porque es uno de los grandes superventas españoles. Se caracteriza por la sencillez extrema pero el vocabulario está bien empleado, utilizando muchas veces adjetivos y verbos de un nivel culto.

Es una narrativa muy periodística, contada en una primera persona que hace sentir al lector que está viviendo los hechos en el mismo momento que el escritor y le hace cómplice de sus averiguaciones y sus dudas.

Pese a la abundancia de nombres, fechas y referencias, el texto no se hace pesado y cualquiera que esté interesado en el tema no podrá dejar de pasar las páginas.

Este ensayo es recomendable para aquellos que busquen un primer acercamiento al tema y quieran un tratamiento riguroso de la información, sin actos de fe excesivos. Para los que sean unos grandes conocedores de tema, será un libro que les sabrá a poco o que quizás no les aporte gran cosa.

Un último punto a su favor, es la libertad que deja al lector para que piense lo que quiera. Le expone los hechos, las pruebas e incluso añade bibliografía complementaria para ampliar sobre el tema a los iniciados, pero aunque deja clara su postura no pretende venderte nada más. Algo que me parece muy remarcable en estos tiempo en los que todo el mundo es gurú o experto en algo y tienes que seguir los dogmas porque sí.

No os dará la respuesta definitiva para saber qué paso, pero os abrirá un camino por el que seguir intentando averiguar la verdad.

Yokai, monstruos y fantasmas en Japón

Si alguna vez habéis ido por algún camino rural o por un bosque para alejaros del estrés y del ritmo frenético de las ciudades, igual habéis podido observar algo raro entre las sombras de los árboles.

Un ruido, un movimiento esquivo o quizás un encontronazo directo. Pues si os ha ocurrido eso alguna vez, habéis tenido el enorme placer, (o quizás no) de tropezaros con un ser muy especial, un ser que los japoneses llaman Yokai.

¿Y qué es un Yokai?

Bajo ese nombre se conocen en Japón a un grupo de seres fantásticos y mitológicos que han ido formando el imaginario colectivo del país en los últimos mil años. Y es que dentro de una denominación tan amplia se esconden los más extraños personajes, desde el Chupamugres (Akaname) que recuerda a los japoneses su deber con la limpieza del baño.

Pasando por los animales del bosque como el zorro (Kitsune) o el más representativo de las islas niponas, el perro mapache (Tanuki).

Hasta las escalofriantes parturientas (Ubume) o la mujer de nieve (Yukionna). Procedentes de distintas regiones y mitos, todos han acabado formando ese universo de los Yokai, tan complejo y a la vez tan necesario, para poder empatizar con la cultura japonesa.

Los historiadores Andrés Pérez Riobó y Chiyo Chida nos acercan parte de ese universo en el ensayo, Yokai, monstruos y fantasmas en Japón (2012). En él intentan hacer una breve síntesis en apenas 200 páginas, muy bien contada y estructurada sobre estos seres. Sus principales categorías y representaciones en ilustraciones clásicas.

La complejidad reside en que los orígenes de estos Yokai son muy diversos, desde dioses que han perdido su posición en el panteón, pasando por animales a los que se les atribuyen determinadas cualidades fantásticas. Hasta Yokai creados directamente para explicar ruidos o situaciones cotidianas.

Toda una amalgama de personajes que los autores clasifican en forma enciclopédica capítulo tras capítulo. Todo ello aderezado con los dibujos y las ilustraciones más famosas de los siglos XVIII y XIX, cuando estos seres comenzaron a representarse masivamente para hacer las delicias del público japonés.

Pese a lo que pueda parecer, es un libro fácil de leer y muy ameno. Que se centra en la divulgación de estos seres sin meterse en cuestiones más profundas o académicas. Es por ello una opción perfecta para todos aquellos que tengan curiosidad por la cultura del país del Sol Naciente, pero no sepan demasiado de su historia y tradiciones.

Seguro que durante su lectura, más de uno sonreirá al entender que era aquello de tal película o tal videojuego o libro japonés que no le quedaba muy claro. Atribuyéndolo quizás a la portentosa imaginación del autor, pero no, lo más seguro, es que aquel extraño ser fuera un Yokai. Uno de tantos que ronda por las mentes y los caminos japoneses.

En conclusión, este pequeño ensayo es muy recomendable para los forofos de Japón que todavía no hayan profundizado demasiado en el tema. Puede ser una gran forma de comenzar sin que uno se sature de datos, fechas o nombres que no conoce. Otro uso sería utilizar el libro para pasear por los bosques de aquellas islas en busca de alguno de estos seres y comprobar si los pintores japoneses acertaron o no, en el diseño de los Yokai. Pero esta otra tarea, solo está al alcance de los más aventureros.

El Principe Tigre y el demonio del bosque

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 12 de julio de 2016, en este enlace.

Wen está tranquilo y no da muestras de que sea consciente de lo que se le viene encima cuando sus padres, los monarcas de un reino lejano de Oriente, se ven obligados a abandonarlo en las garras de la tigresa, a la que los humanos han destrozado su vida al asesinar a sus cachorros.

Este pequeño cuento de Chen Jiang Hong (1963) pretende con sus sencillas palabras y sus impactantes composiciones, dar una lección sobre el amor, la familia y la naturaleza al mismo tiempo.

Este artista pasó su infancia en la China de la Revolución Cultural (1966-1976) de Mao. Y pese a que sus seguidores intentaron borrar toda huella del rico universo chino para crear un camino recto hacia la auténtica revolución según sus creencias. Cualquiera que se acerque a las obras de Hong podrá apreciar que China no murió en aquellos años. Sino que su cultura quedó impresa en la mente infantil de este hombre.

Tras formarse en Bellas Artes en su país natal, Hong emigró a Paris a finales de los 80 y allí es dónde ha desarrollado toda su carrera artística.

Famoso por sus creaciones infantiles que juegan entre el libro ilustrado y el cómic para niños. Este autor es mucho más que un simple ilustrador, él narra sus cuentos y su mundo desde las imágenes y el arte más tradicional. Así que, si queréis iniciar a los niños en el fascinante mundo de la imagen. Hong sin hacer cómics al uso, puede ser una gran opción, para que los más pequeños de la casa puedan ver como se cuenta una historia en pequeñas viñetas sin mucho texto.

Aunque tiene más de una docena de obras publicadas y se le conoce por su famoso Mao y yo (2008). En esta ocasión me quiero centrar en dos cuentos publicados en 2005 y 2006 respectivamente. Me refiero a El Príncipe Tigre, del que ya he hecho una breve sinopsis al principio y El Demonio del bosque.

En ambos, como casi siempre en su obra, los protagonistas son los niños. En el primer caso, nos habla de Wen, un joven príncipe que deberá aprender cómo funciona la Naturaleza, si quiere aprender a ser un hombre de verdad.

En el segundo, el protagonista es Ran, un niño que no le tiene miedo a nada y que no duda en enfrentarse a todos, aunque esa actitud le lleve a la soledad.

Su encuentro una noche con un demonio mucho más fiero que él, le traerá el valor de dejarse enseñar, la humildad de reconocer que no siempre se puede ser el mejor en todo; y lo más importante, el saber estar junto a los demás, en vez de en contra de ellos.

Si queréis tener otro concepto de las cosas o abrir vuestras mentes, estos cuentos son de lectura obligada. Y como muchas obras infantiles, no son solo para niños, ya que hay algunas cosas que solo se pueden llegar a entender cuando uno es mayor.

Sobre el impresionante dibujo de Hong, solo se puede decir que hay que verlo. Si os gusta el arte, sobre todo el asiático, os abrumará su maestría.

Se le notan sus años de manejo en el uso de la caligrafía (todo un arte en su país natal), los pinceles chinos, y ese pulso milimétrico que parece que solo ellos son capaces de alcanzar entre agua, color y tinta para obtener una pincelada firme y fluida a la vez. Todo ello crea composiciones dignas de admirar y que deja sin habla a los que las contemplan.

Wen y Ran son solo dos ejemplos de estos héroes chinos que saltan por las páginas de los libros infantiles a golpe de pincel. Pero si tenéis un solo segundo de vuestra vida para volveros niños otra vez, os recomiendo este viaje a la vieja China de los cuentos.

Mansfield Park

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 4 de agosto de 2016, en este enlace.

Ser Fanny Price dentro del universo creado por Jane Austen (1775-1817) es quizás con seguridad, que te toque el peor premio de todos.

De toda su obra, Mansfield Park (1814) es casi siempre el menos recordado. Sus 600 páginas se alejan algo del mundo más armonioso de sus otros personajes femeninos. Y las mujeres en su mayoría que se acercan a su lectura salen decepcionadas porque Fanny no es la chica valiente y decidida, que lucha por hacerse un hueco en la opresora y correcta sociedad inglesa. Algo que al menos si intentan las otras, con mejor o peor suerte.

Pero Fanny no está hecha para ganar, sino para quedarse con lo que la vida le ofrece. Es lo que le han enseñado. Ser agradecida, correcta y sumisa a todas aquellas personas que se han preocupado por ella en su corta vida.

La historia de Mansfield Park, es la narración de un lugar perfecto, todo ocurre como debe ser. Sus propietarios, los Bertram son gente respetable y tienen cuatro hijos muy bien educados, al menos, cara al exterior. En un momento de altruismo deciden hacerse cargo de uno de los numerosos hijos de la señora Price, hermana de Lady Bertram y cuyo matrimonio no fue tan acertado como ella creía.

Así llega Fanny al lugar que supondrá sus penas y sus alegrías al mismo tiempo. Educada junto a sus primas María y Julia. Pronto descubre que pese a la buena obra de sus tíos, estos están lejos de apreciarla por igual y le enseñan desde su llegada que es sobre todo y ante todo, inferior al resto de habitantes de la casa.
No llega a ser una criada, no es el cuento de la Cenicienta, pero es innegable que no es tratada igual que el resto.

Aunque ella, lejos de albergar rencor, asume y admite su rol con total abnegación. Los desplantes y la falta de juicio moral que van mostrando sus primos con el paso del tiempo, incluso su idolatrado Edmund, van enseñando al lector una sociedad perfecta en apariencia, pero cuyas costuras se marcaban notablemente en las distancias cortas.

Personajes como la histriónica y siempre dispuesta a meterse en todo, tía Norris que martiriza a Fanny día sí y día también, en lo que actualmente sería considerado un maltrato psicológico en toda regla. Le sirven a Austen para mostrarnos la parte menos cándida de su universo femenino.

Todo salta por los aires tras la ausencia del padre y la llegada de los hermanos Crawford, que vienen de Londres, con mucho mundo y no pocas ambiciones. La supuesta gran educación recibida por los hijos Bertram, se resquebraja al primer choque con la realidad social. Y solo Fanny desde su apartado lugar es capaz de ver la cara B que ninguno quiere mostrar.

Todas sus decisiones, los arrastran a un final muy maniqueista y precipitado, hacia lo que cada uno merece según su comportamiento. Pero que quizás al lector le chirríe en algunos de sus puntos.

Sin duda un libro agridulce y quizás por ello más recomendable. Sigue siendo el mismo mundo doméstico y la misma sociedad acomodada de sus otras obras. Pero aquí se muestra más descontenta y ambigua que otras veces.

No está claro dónde está el bien y el mal. Hasta qué punto es la sociedad, la educación o sus propios caracteres los que arrastran a estos personajes a cometer sus pecados. Incluso la inmaculada Fanny tiene sus propias miserias hacia las páginas finales cuando regresa a su casa y rechaza de pleno a una familia inferior a la que ya no siente pertenecer, a la vez de que muere de celos por no conseguir que su Edmund vea más allá de la venda que firmemente se ha atado.

En resumen, un libro contradictorio, con muchas lecturas y opiniones diversas. El menos romántico, el más imperfecto en su ambigüedad y quizás por eso merece la penar leerlo para ver que Jane Austen, era mucho más que una escritora de novelas románticas, como tan a menudo se nos muestra actualmente.