Portus

Este artículo se publico en la revista Culturamas el 23 de octubre de 2016, en este enlace.

Cuando uno se lee algo que no le convence del todo siempre es más difícil comenzar a reseñarlo.

Portus, manga de Jun Abe (1972) publicado en 2015 por Milky Way, aunque el original es de 2006, te deja esa sensación.

Y no, no estoy hablando de miedo, porque lo que es miedo a mí no me lo ha producido. Estoy refiriéndome a que en el mundo de las historias ilustradas para que algo funcione tienes que hilar ambos mundos, imagen o dibujo y la narración que cuentas.

Sin embargo, a mi parecer, mientras que el dibujo me ha resultado precioso, mimando el detalle y con unos planos espectaculares. La historia por su parte la encuentro débil, tópica y mal contada.

Pero antes pongámonos en antecedentes sobre la historia. Portus cuenta la vida de cuatro personas, en primer lugar está Chiharu, una joven estudiante de bachillerato que lleva semanas sin aparecer por clase. Sus compañeros y profesores tampoco le dan mayor importancia y asumen que se ha convertido en hikikomori. Hasta que un día aparece por clase de pintura, a la que solía ir con su mejor amiga, Asami.

Allí se reencuentran las chicas, pero tras una conversación breve entre ellas sobre las leyendas urbanas en torno a un videojuego llamado Portus, Chiharu sale despavorida ante la atónita mirada de su amiga y el profesor Keigo Sawa, el tercer personaje. La cuarta es otra profesora, la señorita Yamashita que aparecerá más adelante.

Tras la muerte de uno de los protagonistas, el resto comienza a tirar del hilo en relación al Portus y sus misterios. Y acaban descubriendo una truculenta historia que deberan intentar arreglar. Esa es la premisa que nos ofrece Abe para internarnos en su narración.

¿Cuál es el problema entonces?

Que a partir de aquí se suceden toda una retahíla de tópicos y clichés del género que el autor ha intentado unir para crear una historia pero que a mi juicio no ha logrado. Meter leyendas urbanas, videojuegos, objetos encantados, el típico niño, el pueblo maldito, la escuela (y un largo etcétera que ya no enumeraré para no hacer la lista interminable), en 225 escasas páginas terminan acabando en despropósito.

Sinceramente al único tipo de lector que le recomendaría el tomo sería a alguien que no conozca el género de terror japonés y quiera iniciarse en él con una historia breve.

Muchas de las referencias que tiene son meramente anecdóticas, las leyendas urbanas están ahí de pasada, el hecho de que sea un videojuego es puramente casual, podría ser un libro, una ventana o la cafetera donde os preparáis el desayuno por las mañanas. Así que si os acercáis a la historia atraidos por el asunto del videojuego, os va a decepcionar.

Otro grave problema es la inconsistencia en las personalidades de los protagonistas que pueden ser débiles o máquinas de matar resentidas de una página a otra. Pasar del trauma a la felicidad extrema o del nulo interés por algo a hacerse el líder de una expedición.

Problema que pienso que se agraba por la corta extensión del manga, un solo tomo. Y que provoca a la larga que el lector no empatice con los protagonistas ni sufra ni padezca por lo que les pase.

Para aquellos que aún así quieran leerlo, añadir que es explícito en escenas violentas (e incluso se pixela una, no entiendo muy bien el por qué) pero que está dentro de lo que uno se puede encontrar hoy en día en cualquier película, serie o cómic, no solo de terror, sino de casi cualquier género. Sobre el aspecto sexual, solo hay una escena semi-explícita (por definirlo de algún modo) y está metida a martillazos, no aporta nada y da la sensación de que la dibuja simplemente para hacer la historia más efectista.

Pero todo tiene una parte buena, y aquí es el dibujo, sin lugar a dudas. El manga es en blanco y negro, como es habitual, pero la mestría de Abe para crear escenas impactantes hace que uno no se dé cuenta de ello.

El punto fuerte son los detalles y la gran definición corporal de los personajes, manejando a la perfección las expresiones faciales y las perspectivas y escorzos para crear escenas con mucha potencia visual y movimiento.

Eso hace que sus personajes, sobre todo en los primeros planos parezcan muy realistas y se alejen de las clásicas caricaturizaciones que uno puede ver en los mangas, sobre todo, los dirigidos al público adolescente. Esta obra no va por ese camino y crea unas imágenes muy trabajadas donde las sombras y las luces para crear volúmenes se realizan a base de trazos diminutos y múltiples que van generando que los dibujos cobren vida.

Es un manga donde la prioridad la tienen los personajes y los escenarios quedan en un claro segundo plano, desdibujados o con pocos detalles. En un intento de crear al lector una sensación más claustrofóbica que sino fuera por su débil historia, se convertiría en un imprescindible.

Como conclusión, solo recomendarlo para los incondicionales de Jun Abe o interesados en su obra. A lo sumo, si uno es un novato del terror japonés y quiere empezar con algo. Para el resto creo que les dejará un sabor agridulce.

El califa Cigüeña

Tras una nube de polvo se dibuja la figura de un jinete. La caravana cuando lo ve aparecer en la lejanía se teme lo peor, van a ser atacados. Pero contra todo pronóstico, el mal presentimiento inicial queda en nada, el jinete se presenta como Selim Baruch, un familiar del visir de Bagdad que está huyendo de sus captores y busca refugio para poder regresar a casa.

De esta forma tan repentina comienza este primer almanaque de cuentos de Wilhelm Hauff (1802-1827). Publicado por primera vez en 1826, el joven escritor alemán seguía la tradición de cuentos y recopilaciones de leyendas que ya se había iniciado en la época, buscando las raíces de las culturas de los pueblos.

A diferencia de sus compatriotas los hermanos Grimm que se decantaron por situarlos en Europa. Hauff viajó con sus cuentos a Oriente recreando los mundos de la cultura musulmana y Las mil y una noches. En esta pequeña recopilación, Selim tras ganarse la confianza de la caravana, les propone contar un cuento cada noche a uno de los comerciantes para romper el hielo y entretenerse en el camino.

El propio Selim comienza el juego narrando la historia del Califa Cigüeña. Un aburrido y confiado gobernante de Bagdad que queda transformado en cigüeña junto a su visir tras ser engañado por un misterioso comerciante.

Ambos han inhalado unos polvos negros que les han transformado en animales, pero por avatares del destino, han olvidado la palabra mágica que los volvería humanos de nuevo. Su aventura en busca de una solución, está narrada junto a otros cuentos que recrean los mitos y las enseñanzas que los comerciantes han ido aprendiendo a lo largo de su vida viajera.

Tras estos cuentos, realizados para niños de familias ricas, a los que solía dar clase. Se encuentran toda una serie de moralejas y aprendizajes. El lector moderno puede sorprenderse si los lee, de que este tipo de relatos estuvieran planteados para el público infantil. Hay que tener en cuenta que en ellos hay sangre, violencia, injusticias, secuestros, mujeres que son vendidas como esclavas y un largo etcétera.

La razón de ello es clara, antes lejos de los países con un estado del bienestar más asentado y al menos a priori más seguro, el resto del mundo vivía en una maraña de posibilidades peligrosas. El enseñar a los niños a ser precavidos ante determinadas situaciones o valores que deberían tener si no querían ser castigados por la vida, era de vital importancia. A día de hoy, donde el mundo infantil siempre pasa por un filtro Disney, este tipo de cuentos nos pueden parecer muy duros para niños pequeños. Pero desgraciadamente era una realidad que podían llegar a vivir muchos niños de la época y también de la nuestra en diferentes partes del mundo.

Narrado como un metarelato, al final todos los detalles y las historias se van entrelazando en una historia común. Y es que en este mundo exótico y alejado del tiempo nada ni nadie es lo que parece en un principio.

Como apunte final, el director de cine ruso Valeriy Ugarov (1941-2007), realizó en 1981 su propia versión del Califa Cigüeña. Una pequeña joya del cine ruso de animación, que la colección de Videocuentos Infantiles trajo a España a principios de los años 90.

Sin lugar a dudas merece la pena echarle un vistazo, tanto a la versión animada como a la escrita.

El retrato de Dorian Gray

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 17 de octubre de 2016, en este enlace.

Poco podía imaginar el por aquel entonces, joven e inocente, Dorian Gray, que su belleza arrebatadora y su carácter infantil le iba a traer el mayor de los peligros en un inocente jardín lleno de olorosos perfumes y delicadas flores.

Pero los escorpiones más mortíferos también pueden trepar los muros de cualquier jardín.

Este clásico de Oscar Wilde (1854-1900) también supuso para su autor belleza y veneno al mismo tiempo. Concebido en un primer momento como un encargo para la revista Lippincott’s Monthly Magazine, donde se publicó, su paso a libro y el añadido de varios capítulos más provocaron todo un revuelo en la superficial y aparentemente perfecta sociedad de finales del siglo XIX, que avanzaba hacia el futuro invadida por una euforia de ciencia y positivismo excesivo y sin albergar ningún temor.

El retrato de Dorian Gray (1890) se convirtió en un contrapunto obsceno de lo que se podía llegar a conseguir si se arrancaba cualquier atisbo de humanidad de las personas y se apostaba todo al caballo ganador de la ciencia.

El experimento psicológico de Lord Henry tiene resultados fáciles y divertidos. No hay más regla que saltarse todas las reglas. Pero eso conlleva desgracias para todos y mucha autodestrucción cuando Dorian va creciendo en años y en maldad.

El bueno de Basil solo puede atrapar el alma pura de Gray un instante y termina creando un recordatorio permanente para el joven aristócrata de todos sus pecados cometidos.

Aunque la historia que se narra es de sobra conocida por todos. La gran mayoría se ha acercado a la misma, más por sus adaptaciones a cine o teatro que por la lectura del libro. Y es que es un libro complejo de seguir pese a que aparentemente no ocurre gran cosa.

Las casi 300 páginas de la novela solo cuentan la vida social de Dorian y su entorno, pero sin narrar nada escabroso o truculento, aunque el lector sabe que está ahí.

Utilizando una narrativa muy estética y llena de metáforas y símbolos, Wilde crea una realidad, plausible y onírica al mismo tiempo, en la que casi siempre lo que cuenta, no es lo que realmente te quiere decir.

Todo ello con referencias constantes a la filosofía griega, al mundo renacentista y a la realidad social de su tiempo. Es por todo esto que la lectura es compleja y si no estáis familiarizados con la obra del autor o con las referencias mencionadas unas líneas más arriba, no es recomendable su lectura porque perderemos más de la mitad de su mensaje.

En esta narración Wilde saca todos sus recursos y su forma de ver la vida, entre la belleza y el hastío, entre la conciencia social por lo que pasa y el nihilismo existencial de que ya nada tiene remedio y solo se puede disfrutar de un presente que se agota a cada paso. El hombre se ha convertido en un monstruo social que devora a otros.

Todas estas concepciones, Lord Henry las convierte en palabras dulces que regalan los oídos del joven e inmaduro Dorian y van taladrando su cerebro hasta convertirse en la criatura perfecta de su autor. Pero el alumno siempre tiene que superar al maestro en algún punto y este último paso precipitará su final.

Si no queréis ser envenenados por un libro, no os acerquéis a este clásico porque una vez que leáis solo unas pocas páginas y tengáis el veneno en el cuerpo, no podréis escapar de él.

Roswell, secreto de estado

Seguramente ya casi nadie recuerde si aquella noche de verano de 1947 fue calurosa o fría. Si el cielo estaba muy despejado o las nubes impedían ver las estrellas. Se ha contado todo demasiadas veces como para saber la verdad exacta.

Pero lo que ya casi nadie olvidará, es que aquella indeterminada noche veraniega creó uno de los mitos más famosos y grandes de Estados Unidos. Según los propios testigos, a principios de julio de 1947, en la pequeña localidad de Roswell, algo o alguien cayó a sus terrenos y cambió la historia de los extraterrestres y las conspiraciones del gran coloso de Occidente.

Sobre este tema se ha escrito mucho, para algunos será demasiado y para otros apenas se habrá rozado la superficie. Para mí, era un tema que desconocía salvo por las referencias de la televisión. Así que cuando hace un mes encontré en la librería esta reedición del libro de Javier Sierra (1971), la curiosidad llamó a mi puerta.

He de reconocer que no tenía grandes expectativas en el libro, debido a que me parece un tema complicado de tratar sin acabar con un cartel sobre el pecho anunciando la próxima conspiración apocalíptica a los coches de cualquier carretera, por tirar de tópico peliculero.

Pero el ensayo de Sierra ha sido una grata sorpresa. El libro, escrito en 1995 resulta ser una crónica periodística de los meses de verano de aquel año, cuando toda la opinión pública se revolucionó por las famosas autopsias de Roswell.

Aquellos hechos que el autor comenta en primera persona desde su experiencia como reportero en las revistas de la época, le sirven de puente para intentar hacer una cronología de hechos y sucesos rigurosos de todas las partes implicadas. Desde los oscuros orígenes de Ray Santilli para hacerse con el material, a los testigos de los años 40, pasando por los especialistas que reavivaron el caso en los 80.

Todo ello aderezado con las curiosas casualidades e inexplicables tropiezos de todos aquellos que pretendieron dar luz a un asunto muy controvertido. En el libro también se incluyen imágenes y documentos que siguen la exposición de los hechos pero debido a la edición tan sencilla de Booket, poco a nada se apreciará y el interesado en el tema deberá recurrir a los archivos digitales de internet.

Sobre la narrativa de Javier Sierra, es probable que muchos la conozcan porque es uno de los grandes superventas españoles. Se caracteriza por la sencillez extrema pero el vocabulario está bien empleado, utilizando muchas veces adjetivos y verbos de un nivel culto.

Es una narrativa muy periodística, contada en una primera persona que hace sentir al lector que está viviendo los hechos en el mismo momento que el escritor y le hace cómplice de sus averiguaciones y sus dudas.

Pese a la abundancia de nombres, fechas y referencias, el texto no se hace pesado y cualquiera que esté interesado en el tema no podrá dejar de pasar las páginas.

Este ensayo es recomendable para aquellos que busquen un primer acercamiento al tema y quieran un tratamiento riguroso de la información, sin actos de fe excesivos. Para los que sean unos grandes conocedores de tema, será un libro que les sabrá a poco o que quizás no les aporte gran cosa.

Un último punto a su favor, es la libertad que deja al lector para que piense lo que quiera. Le expone los hechos, las pruebas e incluso añade bibliografía complementaria para ampliar sobre el tema a los iniciados, pero aunque deja clara su postura no pretende venderte nada más. Algo que me parece muy remarcable en estos tiempo en los que todo el mundo es gurú o experto en algo y tienes que seguir los dogmas porque sí.

No os dará la respuesta definitiva para saber qué paso, pero os abrirá un camino por el que seguir intentando averiguar la verdad.

Yokai, monstruos y fantasmas en Japón

Si alguna vez habéis ido por algún camino rural o por un bosque para alejaros del estrés y del ritmo frenético de las ciudades, igual habéis podido observar algo raro entre las sombras de los árboles.

Un ruido, un movimiento esquivo o quizás un encontronazo directo. Pues si os ha ocurrido eso alguna vez, habéis tenido el enorme placer, (o quizás no) de tropezaros con un ser muy especial, un ser que los japoneses llaman Yokai.

¿Y qué es un Yokai?

Bajo ese nombre se conocen en Japón a un grupo de seres fantásticos y mitológicos que han ido formando el imaginario colectivo del país en los últimos mil años. Y es que dentro de una denominación tan amplia se esconden los más extraños personajes, desde el Chupamugres (Akaname) que recuerda a los japoneses su deber con la limpieza del baño.

Pasando por los animales del bosque como el zorro (Kitsune) o el más representativo de las islas niponas, el perro mapache (Tanuki).

Hasta las escalofriantes parturientas (Ubume) o la mujer de nieve (Yukionna). Procedentes de distintas regiones y mitos, todos han acabado formando ese universo de los Yokai, tan complejo y a la vez tan necesario, para poder empatizar con la cultura japonesa.

Los historiadores Andrés Pérez Riobó y Chiyo Chida nos acercan parte de ese universo en el ensayo, Yokai, monstruos y fantasmas en Japón (2012). En él intentan hacer una breve síntesis en apenas 200 páginas, muy bien contada y estructurada sobre estos seres. Sus principales categorías y representaciones en ilustraciones clásicas.

La complejidad reside en que los orígenes de estos Yokai son muy diversos, desde dioses que han perdido su posición en el panteón, pasando por animales a los que se les atribuyen determinadas cualidades fantásticas. Hasta Yokai creados directamente para explicar ruidos o situaciones cotidianas.

Toda una amalgama de personajes que los autores clasifican en forma enciclopédica capítulo tras capítulo. Todo ello aderezado con los dibujos y las ilustraciones más famosas de los siglos XVIII y XIX, cuando estos seres comenzaron a representarse masivamente para hacer las delicias del público japonés.

Pese a lo que pueda parecer, es un libro fácil de leer y muy ameno. Que se centra en la divulgación de estos seres sin meterse en cuestiones más profundas o académicas. Es por ello una opción perfecta para todos aquellos que tengan curiosidad por la cultura del país del Sol Naciente, pero no sepan demasiado de su historia y tradiciones.

Seguro que durante su lectura, más de uno sonreirá al entender que era aquello de tal película o tal videojuego o libro japonés que no le quedaba muy claro. Atribuyéndolo quizás a la portentosa imaginación del autor, pero no, lo más seguro, es que aquel extraño ser fuera un Yokai. Uno de tantos que ronda por las mentes y los caminos japoneses.

En conclusión, este pequeño ensayo es muy recomendable para los forofos de Japón que todavía no hayan profundizado demasiado en el tema. Puede ser una gran forma de comenzar sin que uno se sature de datos, fechas o nombres que no conoce. Otro uso sería utilizar el libro para pasear por los bosques de aquellas islas en busca de alguno de estos seres y comprobar si los pintores japoneses acertaron o no, en el diseño de los Yokai. Pero esta otra tarea, solo está al alcance de los más aventureros.

El Principe Tigre y el demonio del bosque

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 12 de julio de 2016, en este enlace.

Wen está tranquilo y no da muestras de que sea consciente de lo que se le viene encima cuando sus padres, los monarcas de un reino lejano de Oriente, se ven obligados a abandonarlo en las garras de la tigresa, a la que los humanos han destrozado su vida al asesinar a sus cachorros.

Este pequeño cuento de Chen Jiang Hong (1963) pretende con sus sencillas palabras y sus impactantes composiciones, dar una lección sobre el amor, la familia y la naturaleza al mismo tiempo.

Este artista pasó su infancia en la China de la Revolución Cultural (1966-1976) de Mao. Y pese a que sus seguidores intentaron borrar toda huella del rico universo chino para crear un camino recto hacia la auténtica revolución según sus creencias. Cualquiera que se acerque a las obras de Hong podrá apreciar que China no murió en aquellos años. Sino que su cultura quedó impresa en la mente infantil de este hombre.

Tras formarse en Bellas Artes en su país natal, Hong emigró a Paris a finales de los 80 y allí es dónde ha desarrollado toda su carrera artística.

Famoso por sus creaciones infantiles que juegan entre el libro ilustrado y el cómic para niños. Este autor es mucho más que un simple ilustrador, él narra sus cuentos y su mundo desde las imágenes y el arte más tradicional. Así que, si queréis iniciar a los niños en el fascinante mundo de la imagen. Hong sin hacer cómics al uso, puede ser una gran opción, para que los más pequeños de la casa puedan ver como se cuenta una historia en pequeñas viñetas sin mucho texto.

Aunque tiene más de una docena de obras publicadas y se le conoce por su famoso Mao y yo (2008). En esta ocasión me quiero centrar en dos cuentos publicados en 2005 y 2006 respectivamente. Me refiero a El Príncipe Tigre, del que ya he hecho una breve sinopsis al principio y El Demonio del bosque.

En ambos, como casi siempre en su obra, los protagonistas son los niños. En el primer caso, nos habla de Wen, un joven príncipe que deberá aprender cómo funciona la Naturaleza, si quiere aprender a ser un hombre de verdad.

En el segundo, el protagonista es Ran, un niño que no le tiene miedo a nada y que no duda en enfrentarse a todos, aunque esa actitud le lleve a la soledad.

Su encuentro una noche con un demonio mucho más fiero que él, le traerá el valor de dejarse enseñar, la humildad de reconocer que no siempre se puede ser el mejor en todo; y lo más importante, el saber estar junto a los demás, en vez de en contra de ellos.

Si queréis tener otro concepto de las cosas o abrir vuestras mentes, estos cuentos son de lectura obligada. Y como muchas obras infantiles, no son solo para niños, ya que hay algunas cosas que solo se pueden llegar a entender cuando uno es mayor.

Sobre el impresionante dibujo de Hong, solo se puede decir que hay que verlo. Si os gusta el arte, sobre todo el asiático, os abrumará su maestría.

Se le notan sus años de manejo en el uso de la caligrafía (todo un arte en su país natal), los pinceles chinos, y ese pulso milimétrico que parece que solo ellos son capaces de alcanzar entre agua, color y tinta para obtener una pincelada firme y fluida a la vez. Todo ello crea composiciones dignas de admirar y que deja sin habla a los que las contemplan.

Wen y Ran son solo dos ejemplos de estos héroes chinos que saltan por las páginas de los libros infantiles a golpe de pincel. Pero si tenéis un solo segundo de vuestra vida para volveros niños otra vez, os recomiendo este viaje a la vieja China de los cuentos.

Mansfield Park

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 4 de agosto de 2016, en este enlace.

Ser Fanny Price dentro del universo creado por Jane Austen (1775-1817) es quizás con seguridad, que te toque el peor premio de todos.

De toda su obra, Mansfield Park (1814) es casi siempre el menos recordado. Sus 600 páginas se alejan algo del mundo más armonioso de sus otros personajes femeninos. Y las mujeres en su mayoría que se acercan a su lectura salen decepcionadas porque Fanny no es la chica valiente y decidida, que lucha por hacerse un hueco en la opresora y correcta sociedad inglesa. Algo que al menos si intentan las otras, con mejor o peor suerte.

Pero Fanny no está hecha para ganar, sino para quedarse con lo que la vida le ofrece. Es lo que le han enseñado. Ser agradecida, correcta y sumisa a todas aquellas personas que se han preocupado por ella en su corta vida.

La historia de Mansfield Park, es la narración de un lugar perfecto, todo ocurre como debe ser. Sus propietarios, los Bertram son gente respetable y tienen cuatro hijos muy bien educados, al menos, cara al exterior. En un momento de altruismo deciden hacerse cargo de uno de los numerosos hijos de la señora Price, hermana de Lady Bertram y cuyo matrimonio no fue tan acertado como ella creía.

Así llega Fanny al lugar que supondrá sus penas y sus alegrías al mismo tiempo. Educada junto a sus primas María y Julia. Pronto descubre que pese a la buena obra de sus tíos, estos están lejos de apreciarla por igual y le enseñan desde su llegada que es sobre todo y ante todo, inferior al resto de habitantes de la casa.
No llega a ser una criada, no es el cuento de la Cenicienta, pero es innegable que no es tratada igual que el resto.

Aunque ella, lejos de albergar rencor, asume y admite su rol con total abnegación. Los desplantes y la falta de juicio moral que van mostrando sus primos con el paso del tiempo, incluso su idolatrado Edmund, van enseñando al lector una sociedad perfecta en apariencia, pero cuyas costuras se marcaban notablemente en las distancias cortas.

Personajes como la histriónica y siempre dispuesta a meterse en todo, tía Norris que martiriza a Fanny día sí y día también, en lo que actualmente sería considerado un maltrato psicológico en toda regla. Le sirven a Austen para mostrarnos la parte menos cándida de su universo femenino.

Todo salta por los aires tras la ausencia del padre y la llegada de los hermanos Crawford, que vienen de Londres, con mucho mundo y no pocas ambiciones. La supuesta gran educación recibida por los hijos Bertram, se resquebraja al primer choque con la realidad social. Y solo Fanny desde su apartado lugar es capaz de ver la cara B que ninguno quiere mostrar.

Todas sus decisiones, los arrastran a un final muy maniqueista y precipitado, hacia lo que cada uno merece según su comportamiento. Pero que quizás al lector le chirríe en algunos de sus puntos.

Sin duda un libro agridulce y quizás por ello más recomendable. Sigue siendo el mismo mundo doméstico y la misma sociedad acomodada de sus otras obras. Pero aquí se muestra más descontenta y ambigua que otras veces.

No está claro dónde está el bien y el mal. Hasta qué punto es la sociedad, la educación o sus propios caracteres los que arrastran a estos personajes a cometer sus pecados. Incluso la inmaculada Fanny tiene sus propias miserias hacia las páginas finales cuando regresa a su casa y rechaza de pleno a una familia inferior a la que ya no siente pertenecer, a la vez de que muere de celos por no conseguir que su Edmund vea más allá de la venda que firmemente se ha atado.

En resumen, un libro contradictorio, con muchas lecturas y opiniones diversas. El menos romántico, el más imperfecto en su ambigüedad y quizás por eso merece la penar leerlo para ver que Jane Austen, era mucho más que una escritora de novelas románticas, como tan a menudo se nos muestra actualmente.

Tres Quijotes para leer

Este artículo se publicó en la revista Culturamas el 14 de junio de 2016, en este enlace.

Durante este año, a lo largo de estos meses, estamos fabricando una nueva hornada de jóvenes que odiarán a Cervantes, al Quijote y que por supuesto no volverán a leer nada más de este célebre autor.

¿Y esto por qué será? Pues debido a que crearemos la terrible obligación de hacerles leer el Quijote o algo de su autor, en esta efeméride de su muerte. Les criminalizaremos por no entenderlo, por aburrirse o por intentar escapar de su yugo viendo series o películas que lo recreen y así no tener que leerlo.

Irónicamente, con la opresión social del cura del pueblo, estaremos creando nuevos Quijotes que huirán a los mundos de fantasía actuales. Porque Cervantes, como muchos, lo sabía, si quieres hacer algo grande, a veces huir de la realidad es lo mejor que puedes hacer.

Es por todo esto, que me gustaría hacer este pequeño artículo para hablar de tres quijotes (aunque hay muchos más), tres ediciones que he ido acumulando con los años y que me han recordado estos días, que el famoso caballero es solo uno, pero que hay muchas formas de acercarse a su triste figura.

Mi intención al escribir sobre estas diferentes ediciones es plasmar mi visión de acercarse a la obra y al texto, según el lector que uno sea.

La primera opción que me gustaría recomendar es la adaptación realizada por Eduardo Alonso y publicada por Vicens Vives en 2004. Aunque está orientada a ser una adaptación escolar, yo la recomendaría para cualquier persona, independientemente de la edad que tenga y que no esté acostumbrada a leer libros clásicos. Sobre todo en su propia lengua. Porque si ha leído algún clásico de otros idiomas y que esté traducido, es probable que se haya leído un texto adaptado hasta cierto punto por el traductor.

La edición de Alonso viene precedida por un prólogo de Martín de Riquer, donde habla del contexto socio-político y de la vida de Cervantes. Algo que será muy útil para centrarse en la obra y que solo tiene varias páginas de extensión. Tras esto nos encontraremos con el Quijote completo, las dos partes, adaptadas a un castellano moderno, que no supondrá demasiados problemas para cualquier joven o adulto que se acerque a la obra. Y que además cuenta con numerosos pies de página, por si fuera necesaria alguna aclaración más.

Cuenta también con el aliciente de estar ilustrado por Victor G. Ambrus. Cuyas composiciones realistas en su dibujo y suaves en su color crean una armonía de texto e imagen realmente bella. Así que, si no tenéis claro por dónde empezar con este clásico, esta versión adaptada es una gran opción.

La siguiente recomendación es la edición de Cátedra que realizó John Jay Allen en 2001 e ilustrada por Pilar Coomonte. Estos dos volúmenes tienen una introducción a la vida y obra de Cervantes más extensa, con algo más de 40 páginas. Además de bibliografía seleccionada para la edición, así como para ampliar conocimientos.

Aquí la obra es presentada de forma más académica, más fiel al original. Y aunque sigue teniendo pies de página que facilitan la compresión, el texto no está adaptado al castellano moderno y puede resultar más compleja su lectura y seguimiento.

De todos modos, lo recomiendo para aquellos que quieran acercarse al texto original. Bien porque se saben capaces de su lectura o por simple curiosidad. Cervantes no es un autor de prosa compleja.
Por último, una recomendación para los que busquen libros como objetos de belleza e interés en sí mismos.

A finales de los 90, la editorial Susaeta sacó un volumen con las dos partes del Quijote a doble columna en formato grande, de unos 30 centímetros de altura y también ilustrado. Esta edición puede resultar idónea si lo que se busca es una edición especial.

Los capítulos vienen comentados brevemente por Luis Junceda y al final de cada uno también aparece un pequeño glosario. Esta versión es quizás la menos recomendable para empezar si uno no tiene mucha experiencia en este tipo de libros. Además las dimensiones del ejemplar lo hacen menos manejable para su lectura. Pero no deja de ser una opción para aquellos que buscan algo diferente.

Estas son las tres versiones que recomiendo según el tipo de lector que se considere cada uno. Pero por supuesto hay centenares de libros que tratan sobre el Quijote. Yo solo he recogido aquí tres pequeños puntos de un gran mapa. Hay tantas formas de acercarse al Quijote como uno quiera buscar.

Así que en este año en que nos vamos a acordar más de su autor que de costumbre, es un buen momento para acercarnos a su trabajo, y así crear la nueva generación de Quijotes, que vivan en sus mundos de fantasía que ya encargaran algunos de decirnos que eso no es la realidad. Pero mientras tanto, vivamos el sueño.

La conjura de los necios

Este artículo fue publicado en la revista Culturamas el 2 de junio de 1016, en este enlace.

La conjura de los necios (1980) es un clásico de la literatura norteamericana del siglo XX. Escrita por John Kennedy Toole (1937-1969), fue la segunda y última obra del autor. La triste historia tras este libro es muy conocida. Toole la escribió en los años 60 e intentó publicarla sin éxito, debido en palabras de ciertos editores a que no se trataba ningún tema en particular.

De esta forma nadie le dio una oportunidad, el autor al verse sin posibilidades y viviendo con su madre, se suicidó. Fue precisamente ella, su madre, la que nunca dejó de insistir en que publicarán esta obra tras descubrirla ella misma entre los papeles de su hijo. Finalmente, casi diez años después consiguió que la leyera otro autor que finalmente si consiguió que se publicara la obra en 1980, siendo premiada un año después con el premio Pulitzer.

La novela sigue las desventuras de Ignatius J. Reilly, un titulado universitario de Nueva Orleans que con 30 años aún vive con su madre. Sin ningún interés en ninguna meta salvo escribir.

Tras un accidente en el barrio francés, en el que se ven envueltos su madre y él, se ve obligado a salir al mundo real a buscar un trabajo para conseguir dinero y de esta forma, pagar los costes del percance.

Así comienza una tragicomedia que nos relata con gran frescura las dos caras de la sociedad americana, dispuesta aquí en el pintoresco barrio francés de Nueva Orleans. Como un inadaptado como Ignatius es incapaz de aclimatarse a un mundo en el que es un paria, provocando en ocasiones lástima y en otras repulsión entre la gente que se va encontrando.

Armado con su filosofía medieval y evocando a Boecio (480-525) y su Consuelo de la Filosofía en los malos momentos, intenta cambiar ese mundo al que no consigue adaptarse con descabellados planes de revolución social.

El autor utiliza la tercera persona para narrarnos los acontecimientos de la novela. Permitiendo así dar lugar a descripciones de los personajes y de las situaciones de forma sencilla y sin grandes complicaciones. Señalando de las personas ciertas características para que el lector se de cuenta de algunas situaciones que, por supuesto, se le pasan por alto a nuestro protagonista y su peculiar visión del mundo.

También llega a tratar el tema de la homosexualidad con algunos personajes. Algo que le costó al autor que muchos lectores y críticos pensaran en que en realidad estaba reflejando parte de sí mismo, o su propia vida en la novela. Pero pese a algunos parecidos, (ningún autor puede desligarse completamente de su obra), el resto fue desmentido por personas que conocieron al propio Toole en vida.

Sin embargo, sí que parece que la novela refleja en cierta manera la propia vida del autor como si fuera una caricatura de sí mismo y de la situación que le tocó vivir.

En resumen, La conjura de los necios es una obra de contrastes y de extremos. De las grandes esperanzas y las grandes miserias del ser humano. Algo que ha hecho que sea mencionado como el Quijote norteamericano. Sin duda, merece la pena conocer a Ignatius y su peculiar visión del mundo.

Virus y pandemias

Que el español es una lengua muy conocida y hablada en todo el mundo es algo que sabemos de sobra gracias a los medios de comunicación que siempre nos están recordando su importancia y presencia a nivel global.

Seguro que muchos de vosotros habéis oído o leído que según las estimaciones del Instituto Cervantes, para el año 2050 el país con más hispanohablantes del mundo será curiosamente Estados Unidos.

Pero no todo es alegría para el idioma, uno de sus grandes talones de Aquiles es la producción de ciencia en español. Sobre otros aspectos del saber humano, nuestro lenguaje tiene cuotas muy altas de participación e impacto a nivel mundial. Pero cuando uno llega a los sectores de ciencias (y da igual la rama) se encuentra que la hegemonía pertenece al inglés.

*Cuadro 15. Porcentaje de publicación en idiomas distintos del inglés de los trabajos científicos recogidos en PubMed. Periodo 2005-2010

Inglés 92,1%
Francés 1,2%
Alemán 1%
Español 0,8%
Japonés 0,8%
Ruso 0,7%
Otros 3,2%

Fuente: L. Plaza et al. (2013), «Estudio bibliométrico sobre el papel del español en ciencia y tecnología», p. 346.

Y hasta otros idiomas a priori con menos hablantes y difusión tienen una mayor producción e impacto en la comunidad científica que el español.

La cuestión es tan grave que muchos científicos hispanohablantes se ven obligados a traducir o producir directamente sus estudios e informes en inglés si quieren que alguien los lea o sean citados como referencia.

Así que cuando a finales del 2015 supe del proyecto de Naukas me pareció una idea muy acertada. Para aquellos que no sepan qué es Naukas, se trata de una página web que desde hace algunos años difunde contenido científico en español. Y desde hace unos meses han dado el salto a la publicación editorial concretamente en la colaboración con el sello editorial Glyphos. En diciembre de 2015 salió a la venta el primer libro de la colección.

Este es Virus y Pandemias de Ignacio López-Goñi, doctor en biología y que ha pasado por diferentes universidades americanas, aunque ahora trabaja en España. Todo un experto en el asunto que sale del laboratorio para dar una clase magistral en apenas 220 páginas sobre cuestiones que nos inquietan, sobre todo gracias a los medios de comunicación.

Mediante una serie de breves capítulos, que en la mayoría de los casos no sobrepasan las tres o cuatro páginas, pone los puntos sobre las íes, en diversos aspectos de su campo. Desde lo más básico, como qué es un virus o cómo se puede propagar. Pasando por hablarnos de viejos conocidos como el Sida o de la «supuesta» pandemia reciente como el Ébola.

Y es que los medios de comunicación muchas veces generan más confusión que la información que pretenden dar. Y en muchos casos distorsionan realidades, casi siempre por la falta de conocimiento profundo en la materia.

Así, López-Goñi nos aclara porque es poco probable que contraigamos el Ébola, nos recuerda porque es útil vacunarnos y nos refresca la memoria o da luz a casos que en la comunidad científica son el pan de cada día pero que las personas ajenas a ese mundo desconocemos por completo. Curioso resulta el hecho de que cada ser humano puede tener centenares de virus desconocidos en su interior. Y que estos forman tan parte nuestra, como cualquier otro miembro del cuerpo.

Desde luego una aventura apasionante sobre está ciencia de la que creemos saber mucho porque aparece frecuentemente en las noticias, (en los últimos meses es el Zika) pero de la que desconocemos casi todo.

Como punto negativo es de mencionar que el texto necesita un repaso, no por faltas de ortografía en sí, sino por concordancias y adecuaciones. Hay masculinos y femeninos mezclados, faltan letras en algunas palabras, singulares cuando son plurales, etcétera. Son pequeñas cosas que se pueden solventar sin dificultades.

Al margen de todo esto, es un libro que merece la pena leer para tener un primer acercamiento al tema o una pequeña visión general. Y así aprender que al final, los virus quizás no son ni buenos ni malos, simplemente son necesarios.

*La tabla pertenece al último informe del Instituto Cervantes: El Español una lengua viva, informe 2015.